Un viaje al dolor

La sed, de Paula Bonet, no es un libro fácil ni complaciente. Lo protagoniza una voz dolorida, yo diría que más poética que narrativa, que encarna sucesivamente a tres mujeres –Teresa, Monique, Lupe– que unas veces se desdoblan y otras se funden en un solo lamento agónico, el de una mujer en crisis después de una ruptura amorosa traumática, el de una mujer que sufre, que no se reconoce, que de repente encuentra extraño, casi hostil, el cuerpo, la carne que la alberga y que, incapaz de encontrar una salida, de aplacar la terrible sed que siente, coquetea con la idea de la muerte, del suicidio, en un libro que combina dibujo, grabado, pintura y caligrafía, en el que, junto al texto, intenso y fragmentario, se aprecian las texturas de la madera, el lienzo o el papel, la pincelada, la línea, la mancha, los surcos del punzón, convirtiéndolo en una compleja y hermosa obra de arte en la que literatura y artes plásticas se funden, se complementan, sin que ninguna de ellas adquiera protagonismo, pues el resultado va más allá del mero libro ilustrado, se acerca a la novela gráfica sin ser novela gráfica, pues no es que Paula Bonet, ilustradora, nos ofrezca su visión de un texto ajeno, ni siquiera la de un texto propio, escrito por ella, sino que utiliza de forma simultánea, en constante diálogo, la palabra y la imagen llevando hasta el extremo sus posibilidades de expresión, para que una acuda en auxilio de la otra allí donde no es capaz de llegar a decir o a mostrar y viceversa, logrando así un objeto de extraordinaria intensidad lírica, de extraordinaria intensidad artística.

La sed es, pues, un intenso diálogo de la mujer con su propio cuerpo, con su propia personalidad derrumbada, taladrada por el dolor, pero también un diálogo, no menos intenso, con la tradición pictórica y literaria, con referencias a escritoras como Clarice Lispector, Anne Sexton o María Luisa Bombal, con el eco recurrente de escritoras suicidas como Sylvia Plath o Virginia Woolf, plagado de metáforas como la del terremoto, con el que arranca la obra y que es geológico a la vez que sentimental, o como la del cuervo que casi la cierra pero que aparece también, fugaz, en la portada como símbolo, quizá, de la negrura que su cuerpo incómodo y lacerado alberga, por nombrar apenas dos ejemplos en un libro que es, en sí, una enorme metáfora, un esfuerzo ingente por nombrar, por hacer palpable un dolor que quizá sólo una mujer pueda llegar a ser capaz de sentir.

Un libro muy recomendable, un libro para leer, para hojear, para tener en casa, un bello objeto artístico de una autora enormemente interesante a la que tendrán la oportunidad de conocer si asisten el próximo miércoles, 20 de febreroa las 20:00 horas, al Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán” en la Sala Verdugo de Plasencia.

 

Juan Ramón Santos en PlanVE.

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“Escribe con Rosa Montero”

“Escribe con Rosa Montero” es un cuaderno en el que el lector cambia su papel para convertir se en escritor. Siguiendo los consejos de Rosa Montero y llevando a cabo los ejercicios de escritura que propone, podremos bucear en nosotros mismos para encontrar una voz narradora personal y plasmarla en textos de ficción.

«No se escribe para enseñar nada, se escribe para aprender».
Rosa Montero

 

Cuadernillo

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Como sabéis, una parte importante de la actividad del Aula de Literatura es la publicación y distribución de un cuadernillo divulgativo con muestras del trabajo del autor que nos visita.

Paula Bonet, en su visita a Plasencia, ha querido ofrecernos un cuadernillo que, con ilustraciones propias y con textos de escritoras tan importantes como Anne Sexton, Sylvia Plath o Clarice Lispector, dialoga con su último trabajo, “Roedores”, y que nos habla de ser mujer, de la maternidad, del dolor, del sentimiento de culpa, de sentirse mirada, conformando un objeto único del que podréis disfrutar si nos acompañáis en la lectura de la autora del miércoles 20 de febrero en la Sala Verdugo.

“Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END”

Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END es un libro sobre finales que llegan repentinamente, sin avisar, que nos parten en dos mitades. También es un libro que habla de finales que se arrastran durante años y que nunca se acaban porque confunden orgullo con recuerdo.

Los primeros nos provocan un dolor repentino, desgarrador. Los segundos nos desgastan poco a poco, como si fuéramos precipicios que las olas golpean sin parar mientras cientos de gaviotas nos utilizan como letrina. Las algas se nos enredan en los pies y al morir se pudren pegadas a nosotros.

Y entonces cogemos trenes, reservamos habitaciones de hotel en pueblos olvidados, vivimos enganchados a pantallas esperando que alguien decida hablarnos para informarnos del siguiente movimiento, el que nos acercará conscientemente a un final que hace años que buscamos. Pero ese final no llega.

Y de repente un día nos despertamos y sentimos el vacío: en la pantalla aparece THE END y decidimos empezar otra historia. Una en la que nunca tengamos que fingir que no nos conocemos.

Paula Bonet renace de entre las sombras en su trabajo más ambicioso

EL CONFIDENCIAL – 3/11/2016

Prado Campos

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‘La Sed’ desmembra en diez partes el renacimiento de una mujer. Sin temor y sin edulcorante. El dolor desgarra. Presiente la muerte, la rotura, el suicidio y la jaula. Pero también anuncia un nuevo inicio, porque esa sed que incendia el cuerpo es también la que marca la resurrección. Bonet ha huido del miedo y ha levantado una estatua visual y literaria a la (mal vista) soledad. Lo hace apoyándose en grandes mujeres que han influido en su modo de ver el mundo, desde Linspector a Anne Sexton, Sylvia Plath, Virginia Woolf, Teresa Wilms Montt o Virginia Ocampo. La artista las llama sus “despertadoras”, y lo son tanto como Lupe y Monique, los trasuntos de Bonet que protagonizan el libro, y Teresa, el nuevo yo en el que se convierten.

A través de ellas, Paula Bonet sigue golpeando. Sus azules y rosados son ahora colores pesados cargados de dolor pero con la luminosidad que marca una nueva y necesaria senda. ‘La Sed’ arranca cruda e ingenua. Impulsiva y hecha añicos. Los aguafuertes demuestran esas cadenas y corsés que oprimen en una relación tóxica de la que no se puede escapar. Esa relación que vacía “por la boca y por los ojos cada vez que te recuerdo”. El dibujo da paso a los primeros vuelos y las primeras recaídas, porque, en definitiva, ‘La Sed’ habla de esos terremotos y sus réplicas que nos sacuden internamente. La metáfora le vino a Bonet cuando sufrió su primer seismo -de 8,5º, recalca- en Santiago de Chile mientras trabajaba en el libro. Entonces vio que “son como las relaciones. Piensas que todo está bien, pero se puede derrumbar en cualquier momento”. El último tramo es abstracto, hecho en óleo barridos de aguarrás, tan maleables, azarosos y deformados como lo es renacimiento. La sed abrasadora da paso a la sed del ansia por nuevas experiencias. A la sed irrefrenable y sin mochilas, al menos de momento, y, sobre todo, sin miedo.

 

(Puedes leer la noticia completa en la web de El Confidencial.)

La mujer que amaba a Truffaut


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François Truffaut solía decir que siempre había preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Quizás siguiendo esa idea, lo que la ilustradora Paula Bonet refleja en su nuevo libro, 813, es la vida y las películas del director francés. Cuenta la diseñadora valenciana que conoció el cine de Truffaut, referente de la Nouvelle Vague, cuando rondaba la veintena y que se obsesionó con su manera de contar historias hasta el punto de que, años después, dice reconocer claramente la influencia del autor de Los 400 golpes en su propio trabajo. El primer filme que vio de él fue la futurista Fahrenheit 451, que regalaban con la edición dominical de un periódico. “Pensé que alguien que se había atrevido a rodar aquella película debía de ser muy valiente”, comenta por mail Bonet.

(…) Reconoce que 813 es una propuesta más arriesgada, empezando por su título que hace referencia a un número recurrente en la filmografía del realizador francés con el que el director homenajeaba una novela homónima de Maurice Leblanc. “Es un título-guiño con aquellos que conocen con profundidad y aman la obra de Truffaut”, confiesa Bonet. La ilustradora se empapó del universo del director: revisionó su filmografía, viajó a París (en un principio había pensado incluir un mapa con localizaciones, idea que acabó descartando) y devoró toda la bibliografía que encontró sobre el creador francés, así como lo que dejó escrito el propio Truffaut que, antes de comenzar a rodar películas, ya era un reconocido crítico de cine. Solo cuando tuvo claros los textos comenzó a dibujar. “En 2014 hizo 30 años de su muerte y pensé que un libro sobre él y sobre su obra sería un buen homenaje y que, además, me apetecía muchísimo volver a bucear en sus películas y dedicarle todo el tiempo que implica la concepción y realización de un libro”, explica la artista.

Bonet recorre las dos partes en que se divide 813, la primera una biografía del director y la segunda un paseo por su obra, a través de los tríos de personas y personajes que marcaron la vida del realizador. Uno de esos tríos fundamentales en la vida de Truffaut es el que formaba él mismo con el actor Jean-Pierre Leaud y Antoine Doinel, el personaje que este interpretó desde su infancia a su madurez a lo largo de cuatro películas y un cortometraje (la primera de ellas Los 400 golpes, quizás la obra más conocida del autor). La historia de Doinel estaba inspirada en la del director pero pronto el personaje se convirtió en la síntesis de Truffaut y de su álter ego, Leaud. “Se volvieron inseparables. Había gente que incluso pensaba que eran la misma persona”, escribe Bonet en 813. En cuanto a los tríos de ficción, la ilustradora destaca los de La piel suaveJules y Jim y el doble trío de La mujer de al lado, la película preferida de la autora. (…)

 

   Mónica Luengo Montero

(Puedes leer la noticia completa en la web del diario El País.)