JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN
EL CULTURAL – 8-9-05

Pocos poetas tan fieles a su poética inicial como Eloy Sánchez Rosillo. Si en su primer libro, Maneras de estar solo, hacía alguna concesión a lo que convencionalmente se entiende por literatura, en los sucesivos el artificio retórico se ha ido haciendo cada vez más natural y transparente, casi invisible.

      PÁGINAS de un diario son sus poemas, Elegías y Autorretratos, que pretenden reflejar Las cosas como fueron. Los títulos de los libros no dejan lugar a engaño. A La vida, de 1996, le sucede ahora, casi una década después, La certeza.
      Poesía en el límite la de Eloy Sánchez Rosillo. A veces nos da la impresión de que traspasa ese límite. Ocurre en este último libro con alguno de los textos más anécdóticos y especialmente con “Una temporada en el infierno”, que narra un frecuentado lugar común (el internamiento en un colegio religioso durante el franquismo) en un lenguaje excesivamente convencional (“terroríficos colegios religiosos”, “muros carcelarios”, “larguísimo invierno”, “patios tristes”).
      Pero más a menudo se produce el milagro. El poema, hecho de nada, se sostiene en el aire exento y puro, conteniendo un reflejo de la hermosura del universo. También una revelación, una certeza. Porque esta poesía, en apariencia siempre igual a sí misma, evoluciona junto a su autor, se va tiñendo de su experiencia vital. Y el tono elegíaco, tan característicamente juvenil, va siendo sustituido por otro más comprensivo y sabio. Ahora ni el dolor ni la muerte resultan protagonistas. “Tu error está en creer que la luz se termina”, leemos en el primer poema. Y en el último, que da título al libro, se nos explicita la insólita certeza que ha alcanzado un poeta tan aparentemente atenido a la experiencia como él: “Que no hay muerte que pueda/desdecir y anular esto que somos”.
      (…)

(Puedes leer la reseña completa en El Cultural)

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