IGNACIO ECHEVARRÍA
BABELIA – 12-06-2004
“Hay que reformular las preguntas, aunque se demoren las respuestas”, escribe Isaac Rosa al referirse a El vano ayer, novela en la que indaga con ironía y humor en los cuarenta años de dictadura franquista.

Isaac Rosa ha escrito la primera gran novela sobre el franquismo debida a un autor que no lo padeció directamente. Y había de ser un joven sevillano de apenas 30 años quien por fin llegara a poner algunos puntos sobre las íes y metiera un barrido a tanta chatarrería sentimental, a tanto docudrama nostálgico, a tanta memoria coloreada que de un tiempo a esta parte inunda este país con la pretensión, dicen, de hurgar en su historia reciente.
      Ni la Guerra Civil ni la transición: desdeñando el tirón narrativo del que se benefician en la actualidad una y otra, Isaac Rosa se adentra en el inmenso agujero negro que se abre entre las dos: esos cuarenta años de franquismo cuya negra sombra todavía hipoteca el presente. Y lo hace con la firme resolución de no dejarse embaucar por los discursos heredados.
      Se veía venir, todo hay que decirlo. Se le tenía ganas al asunto, por parte al menos de los más insumisos miembros comprendidos dentro de la ancha franja generacional que cabe agavillar bajo el rótulo de “los niños de la transición”. Pero los acercamientos a los largos años de la dictadura y -sobre todo- a sus postrimerías emprendidos hasta ahora por quienes cuentan en la actualidad menos de cuarenta años han solido echar mano del choteo más o menos gamberro para trazar una visión jocosa y, por así decirlo, chiripitifláutica del franquismo, que Guillem Martínez acertó a bautizar como Franquismo pop (tal fue el título bajo el que reunió, en un libro que pasó injustamente inadvertido, un puñado de textos que frecuentaban en su mayoría esta onda). (…)
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