«Si alguna vez se consideró que la literatura tenía un valor de representación de su tiempo, eso quedó atrás. Dentro de varios siglos, un historiador, un arqueólogo, podrá hacerse una idea aproximada de los conflictos, intereses y actitudes del siglo XIX a través de un buen número de novelas de su tiempo. Sin embargo, poco podrá saberse sobre la realidad de nuestro tiempo a través de unas obras que presentan una visión dulcificada, aproblemática de nuestra convivencia. Pocas novelas conocemos donde el protagonista sufra el terror (pues muchas veces es terror) a su situación laboral, a no estar a la altura de lo que le exigen, a no promocionar, a ser despedido, a ser inútil. O un padre de familia que no llega a fin de mes, que le embargan la vivienda, que se endeuda con esas nuevas y sofisticadas formas de usura que se anuncian en televisión. Hay excepciones, por supuesto, autores que insisten en señalar la vergonzante desnudez del emperador, pero son pocos y minoritarios».
Fragmento del artículo de Isaac Rosa publicado en El Periódico Extremadura en mayo de 2005.

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