LLUÍS SATORRAS
BABELIA, 14-01-2006
Lorenzo Silva publica la cuarta entrega de la serie protagonizada por los agentes de la Guardia Civil Bevilacqua y Chamorro. El asesinato de una periodista lleva la acción a Barcelona, en un relato en el que destacan las técnicas de la investigación por encima de la trama criminal.

La serie de novelas protagonizada por el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro llega a la cuarta entrega. No es sorprendente la seducción que estas historias ejercen sobre el lector viendo cómo el autor va espesando y puliendo con mimo el carácter de los dos investigadores y mostrando su evolución a fuerza de crudas experiencias. A cada nueva entrega, se enriquece la relación que mantienen entre sí con el añadido de nuevos y suculentos detalles. Hay un factor que amplía las perspectivas de la serie y es que el narrador, nuestro querido sargento, ha mejorado en su capacidad para contar historias y ha acrecentado el caudal de referencias literarias empezando en esta novela por la más evidente, la de Alicia a través del espejo, transparente en el título y fundamental para la resolución del caso policiaco.
      Corresponde en esta ocasión a Barcelona ser el escenario principal del relato. Hay el propósito de captar en toda su profundidad la ciudad viéndola desde las alturas de la Sagrada Familia (cuya silueta ilustra la portada) o el Tibidabo, pues al ver la ciudad desde arriba es “como si estuvieras y no estuvieras en ella”. Por la ciudad se despliegan los mossos d’esquadra y los conflictos de competencias con la Guardia Civil y la Policía Nacional ocupan un lugar importante en la novela y se comentan por extenso. El autor, bien claro queda, opta por la promoción de la concordia y las buenas relaciones; también muestra interés, en el resto de la serie, en presentar a los guardias civiles como seres normales con sus virtudes y sus defectos pero bien alejados de los estereotipos habituales.
      No estamos ante una novela policiaca al uso, pues es más una historia de policías que de ladrones. Resaltan en ella los aspectos técnicos de la investigación, la manera en que se procede al examen de los ordenadores de la víctima, el seguimiento detallado de las llamadas efectuadas a través del móvil o las cuestiones que se suscitan respecto a la relación entre el investigador y la autoridad judicial. A ello deben añadirse las largas conversaciones entre los diferentes personajes, todas ellas en un registro coloquial muy creíble. Son diálogos poco frecuentes en las obras del género pues no están destinados al progreso de la trama criminal sino al mejor conocimiento del carácter de los policías.
(Es posible leer un fragmento de la novela en las páginas de cultura del diario El País).

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