SANTOS SANZ VILLANUEVA
EL CULTURAL, 8/12/2005

Desde que nuestras letras dieron carta de prestigio a la novela negra en los tiempos de la transición a la democracia, este género ha recorrido muchos caminos: de la parodia postmoderna al modo de Gonzalo Suárez y Mendoza, o la crónica barojiana de época a lo Montalbán, ha pasado a una variante del relato psicologista.

Algunos autores de ahora relegan a un segundo plano la investigación del delito y el suspense casi inexcusable y privilegian la intimidad de los propios policías. Así lo hacen con muy buena mano Giménez Bartlett y Lorenzo Silva, los cuales comparten un curioso dato externo: ambos han puesto al frente de sus narraciones a una pareja de agentes, un hombre y una mujer, que debe solventar, de entrada, las complicadas relaciones de poder entre sexos distintos dentro de un microcosmos, el de la policía, con peculiares normas jerárquicas.
Lorenzo Silva lleva ya cuatro libros policíacos protagonizados por dos guardias civiles, el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro. En principio fue una idea acertada, que entrañaba no poco riesgo de parecer una ocurrencia, pero esa intuición le ha ido creciendo pienso que en su cabeza primero y luego, en consecuencia, en los libros. Así, tras media docena de casos resueltos en esas obras ha venido a dar en dos personajes de una plenitud absoluta, ricos en motivaciones personales, conflictivos sin exageraciones, densos y cálidos, al llegar a La reina sin espejo. Lo de plenitud vale, además, para la novela entera: por sus personajes (esos protagonistas y también otros guardias y varios seres más vinculados al crimen que se cuenta en esta ocasión), por la enjundia del argumento, por el ritmo de desarrollo de la anécdota, por la dosificación del suspense, por la congruencia en el esclarecimiento del delito y por el entorno de la acción. También, claro, por el estilo, elaborado sin perder naturalidad. (…)
(Puedes leer la reseña completa en El Cultural)

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