EDUARDO MENDICUTTI
A pesar de todo lo que parece haber cambiado, en los últimos años, la “representación” externa del hombre y la mujer con los que nos cruzamos a diario en la calle, Luis Antonio de Villena quizás disfrute todavía de una cierta fama de atrevido, de inusual, de distanciado, de extravagante. Es cierto que él cultiva la diferencia y el elitismo vital, pero también lo es que eso supone, paradójicamente, un acercamiento profundo a la vida y al ser humano, puesto que es un acercamiento libre de convencionalismos y de moralismos pazguatos, reñido con cualquier gregarismo, a salvo de la corrección política y de la sumisión social. Su cacareado dandismo es, como todo dandismo fetén, una garantía de independencia de criterio y de disconformidad intelectual y emocional, y su cuidado de la rareza, tan evidente en tantos de sus poemas, un recurso para sobrevivir, para intentar la conquista de, como dice uno de sus versos, “vivir sin el daño de la vida”.

(Fragmento de una presentación del libro Asuntos de Delirio. Puede leerse completa en la web de Luis Antonio de Villena)

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