JORDI GRACIA
BABELIA – 14-10-2006

      Hace años que la historia se coló en el taller del novelista y allí sigue instalada. Es la que narra la frustración brutal de un proyecto de modernidad ética, ideológica, histórica y su reanudación en plena democracia, como si también el novelista necesitase acudir a la historia para garantizar la nueva personalidad de la sociedad española, y no pudiese pasar por alto sin más las averías públicas y privadas que nos hacen como somos hoy. El instinto reivindicativo puede ser mayor o menor, pero colectivamente son muchas ya las buenas novelas, y ésta lo es (además de ser la mejor novela del autor) que afirman por vía metafórica, sin la explicitud patosa de las novelas de tesis, la alegría de un final casi inverosímilmente feliz para una sociedad tan maltratada.
      Las cartas han sido para Vicente Molina Foix (Elche, 1946) la herramienta de construcción de ese relato siempre íntimo y siempre construido con la historia, sin perderla de vista un momento, y casi convirtiéndola en protagonista absoluta de la novela por elusión, por elipsis. Ningún narrador va a venir a aclararle al lector episodios y tramos históricos que son el escenario de las vidas de los corresponsales, ni tampoco va a ayudarle a explicar ni quién es ni qué hace Carlos Bousoño en México o por qué puede aparecer y reaparecer el nombre de Ramón Serrano Suñer, por qué el penal de Ocaña tiene el mal nombre que tiene o por qué fascinó a algunos un personaje como Antonio Maenza. Los datos de historia se integran en la vida de cada cual y se logra recrear el presente de cada etapa con verosimilitud y muchas veces con intención…

(Puedes leer la reseña completa en Babelia)

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