JUAN CRUZ
EL PAÍS – CULTURA – 18-10-2006

(…)

P. El libro nos introduce en seguida en la Guerra Civil, desde que uno lee el nombre de Federico…

R. Es una carta que le escribe un joven campesino, que le conoció en la escuela… Luego el chico mejora su vida, se hace actor, se mete en La Barraca… Por esa vía se llega a Aleixandre, a Miguel Hernández… Y después hay más personajes reales. Y hay otros que me invento, pero algunos que son reales la gente está pensando que son inventados. Los igualo, los hago actuar desde su intimidad…

P. Hay una carta de un personaje ofreciéndose a la policía como confidente.

R. La carta de Cela; es una carta glosada, por así decirlo, y en el libro aparece como de Ramiro Fonseca… Hay un libro de Roberto Mesa, que reproduce informes anónimos de la Brigada Social del franquismo; he tomado muchas cosas de ese libro, y las reescribo. Está, por ejemplo, la revuelta de los jóvenes del 56… Hay, como te digo, cartas de Aleixandre, pero no son las suyas, son las que yo le invento… Yo tengo 95 cartas de Vicente, pero ésas no las he usado. Algunas de las cosas que Federico le dice a Vicente cuando éste le presenta a Andrés Acero (que existió, en efecto, y tuvo un gran impacto sentimental sobre Aleixandre), son inventadas por mí, pero son muy lorquianas…

P. ¿Y no ha tenido la tentación de que Aleixandre lo protagonizara todo?

R. Lo pensé. A Aleixandre lo conozco mucho; lo conocí cuando yo tenía 17 años, gracias a Gimferrer. “Vete a verlo, es muy generoso con los jóvenes”, me dijo Pere. Y ahí empezó una amistad profunda. Un grandísimo poeta sobre el que no hay una biografía real. Hay una especie de limbo sobre Vicente; parece que era, tan sólo, una persona de chaleco, tumbado en un sofá y recibiendo. Pero también era una persona llena de humor, de picardía, y de pasión por la vida, y de pasiones amorosas varias… Cuando me contó su historia con Andrés Acero fue una tarde que nunca olvidaré; no lloré delante de él, pero me conmovió mucho. Me sorprendió la intensidad de la pasión amorosa de Vicente, que está muy clara en sus libros pero que ahí parece como real. Y me conmovió saber cómo la historia -y en este caso la historia de la Guerra Civil- puede cambiar la vida de las personas. Acero se fue al exilio, a México, Vicente se quedó, enfermo, su casa de Velintonia abandonada… Dudé si el libro podía ser más de Vicente. La novela tiene sus reglas, en general, y ésta no es una excepción. Fue por donde ella quiso. ¿Una biografía? Yo no soy biógrafo, ¡que la haga Ian Gibson!

(…)

(Puedes leer la entrevista completa en El País o en la web de la Federación Estatal de Foros por la Memoria).

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