cuando desperté, nada sabía del mundo sino la derrota.
desperté con la música y con los gritos de terror
que atravesaban las paredes.

afuera, los pájaros volando en la claridad,
voces distantes sopladas por el aire.

yo sentía que las palabras que podía decir
eran ridículas. yo creía que nacen lugares
para el amor y que, en esos jardines etéreos,
la salvación es una brisa que cae sobre el rostro
suavemente.

José Luís PEIXOTO
A Casa, a Escuridão
(Trad. Juan Ramón Santos)

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