Durante estos siete años, me han pasado muchas cosas con el tapón del bolígrafo. Hoy, cuando lo miro, cuando lo describo en estas líneas, ya no es sólo el tapón de un bolígrafo. Recuerdo haberlo sentido en el bolsillo en el momento en que mi hija nació y yo estaba allí, agarraba la mano de mi ex-mujer. El tapón del bolígrafo estaba allí. Vi a mi hija recién nacida. Tenía en el bolsillo el tapón del bolígrafo. Cuando mi madre fue operada, cuando el médico me llamó para hablar conmigo, tenía el tapón en el bolsillo. Nunca me olvido del tapón. Antes de salir de casa, veo siempre si tengo las llaves, los cigarrillos, la cartera y el tapón del bolígrafo. He estado con él en muchos países. Muchas veces lo he colocado en las pequeñas bandejas en las que se colocan los objetos que se tienen en el bolsillo, antes de pasar por la máquina que pita, antes de entrar en un avión. Me ha pasado olvidarme el tapón del bolígrafo en casa de amigos, en cafés, en restaurantes.
         Pasadas algunas horas, cuando volví atrás, uno de los camareros me dijo “nosotros aquí nunca tiramos nada”. El camarero abrió un cajón detrás de la barra, levantó el tapón en la palma de la mano y dijo “¿es esto lo que se le ha perdido?”. Cada vez que me pasó eso, di las gracias y me fui avergonzado bajo miradas y comentarios susurrados. Con mis amigos, les llamé por teléfono y, aquellos que no me conocen bien, se quedaron sorprendidos. “¿El tapón de un bolígrafo?”. Más de una vez he tenido que andar moviendo muebles en casa de mis amigos hasta encontrar el tapón caído en cualquier esquina de polvo, o entallado dentro de un sofá.
         El tapón ha estado conmigo en los momentos en que recibí las mejores noticias. Le di vueltas en la mano después de recibir las noticias que, para mi, fueron más terribles. Por sí solo, es algo que me acompaña, que va conmigo a los sitios donde voy. Considerando las cosas importantes que me han pasado los últimos siete años, es algo que comparte mi historia. Lo miro y siento que me entiende. Ha estado tanto tiempo conmigo, hemos pasado por tantas cosas juntos que, cuando pasa alguna cosa buena o mala, siento el tapón del bolígrafo dentro del bolsillo y siento que él me comprende. Ella sabe lo que está detrás de cada cosa que pasa. El tapón del bolígrafo, como yo, sabe cuáles han sido los acontecimientos pasados que han hecho que pasen las cosas que pasan.
         Cuando espero a alguien o algo, cuando no estoy haciendo nada, cuando mi pensamiento busca cosas en las que pensar, agarro el tapón del bolígrafo y, mirándolo, imagino dónde estaría antes de haberlo encontrado en una calle de París. Imagino quién habrá sido la persona que le dio forma de tapón de bolígrafo. Debe haber habido un momento en el que este tapón estuvo entre muchos tapones exactamente del mismo color, exactamente con el mismo formato, muchos tapones recién hechos. Debe haber habido un momento en el que este tapón sirvió para tapar un bolígrafo. Imagino si habrá sido comprado en un supermercado o en una papelería. Imagino cuánto tiempo habrá pasado hasta haber sido comprado. Las noches que pasó en una estantería. Imagino la mano de la persona que lo eligió entre otros bolígrafos con tapones todos iguales. A pesar de imaginar y de casi tener la certeza de que ésa fue su historia antes de mí, nunca he visto un tapón igual a éste. Ya lo he probado en muchos bolígrafos sin tapón y nunca ha servido perfectamente para ninguno. Queda demasiado grande o demasiado pequeño. Nunca he encontrado ninguno para el que sirviese perfectamente.
         Me pasa pensar también que, inevitablemente, llegará un día en que mi vida y la vida del tapón del bolígrafo se separen. Podrá ser un día en que me lo olvide en casa de amigos, en un café o en un restaurante. Llegaré en busca de él y nadie entederá mis palabras. “¿El tapón de un bolígrafo?”. Podrá ser en el instante en que yo muera. La respiración parándose definitivamente en mis pulmones y las personas que me conocieron, mi familia, mis amigos, mi hija cuando sea más mayor, removiendo las cosas que dejé. Entre ellas, este tapón que, un día, encontré en una calle de París, que guardé en el bolsillo durante años y que, después de mí, continuará en algún lugar.
         Mientras escribo estas palabras, ha momentos en que me paro y me pongo a mirarlo. Lo sujeto en la palma de la mano. Es muy ligero. Cuando está parado en la palma de mi mano, casi no lo siento. Por llevar siete años en mi bolsillo, su superficie está un poco deslucida. Siete años tocando con las llaves, tocando con todas las cosas que llevo en los bolsillos, tocando el tejido de los bolsillos. Lo encontré en una calle de París. Ahora, está conmigo aquí. Donde quiera que vaya, lo llevo siempre conmigo. Hace siete años, cuando lo encontré en el suelo, nunca hubiera imaginado que nos íbamos a volver tan necesarios el uno para el otro. Yo, que alteré su destino, soy la única persona que se preocupa de este tapón de bolígrafo y, en el mundo, no hay nada, nadie, ningún amigo que me conozca tan bien, que sepa tan bien quién soy como este tapón de bolígrafo.

José Luís PEIXOTO
(Trad. Juan Ramón Santos)

(En Mulheres no sapo)

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