DESCENDIMIENTO


Arráncame la corona de espinas
que por ti padezco
y lávame con tus lágrimas la herida
que por ti sangra en mi costado.
Consúmame el dolor
hasta la muerte y abandóname
en tus brazos, por piedad.
Luego, al enterrarme, hazlo
en lo más profundo de tu vientre,
allí donde resucitar sea un delito
castigado con la pena
capital.



(De La liturgia del desorden 1976-1978)

Anuncios