Se presiente la lluvia. En las ventanas
el paso de los años ha dejado fisuras,
recodos inquietantes, humedades azules.

Unas piedras labradas delimitan el paisaje exterior:
escaleras ocultas por las hojas,
pabellones de invierno decorados
con dibujos geométricos, especies diferentes
de frutales y arbustos de estatura magnífica.

La chimenea de mármol,
el color amarillo de los muros,
el café distendido: aquí, junto a la llama,
al calor que trasciende esta humedad nocturna,
la lluvia se concibe como un temblor de lámparas,
como el último gesto del suicida.

(De Los bosques interiores)

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