La intimidad del agua,
la intimidad del árbol, la del hombre que pasa.

No sólo es esta luz que lentamente
se ha ido haciendo posible,
es esta confluencia de las intimidades,
es el detenimiento de la vida, esta manera
de estar y de no estar, de poseerlo todo,
de no tener ya nada.

Ahora nuestra conciencia resposa en los tejados
azules de las casas y nos cubre la lluvia,
un sentimiento gris.

Esta felicidad y este cansancio
nos llegan con los años, no se improvisan nunca.
Somos hombres tranquilos, esperamos
al lado de la vida
un gesto imprescindible.

(De Entre una sombra y otra)

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