El escritor parisino Georges Perec se sentó un día a uno de los veladores de la plaza de Sant-Sulpice y decidió inventariar las “cosas que pasan cuando no pasa nada”. El novelista barcelonés Enrique Vila-Matas leyó ese texto y no pudo evitar hacer lo mismo con su plaza favorita, en el barrio de Gràcia. El artículo se titula “Tentativa de agotar la plaza Rovira”. Lo he vuelto a leer hace poco y me ha ocurrido lo que al propio Vila-Matas con Perec: que tampoco yo he podido evitar hacer lo mismo.

Pero mi plaza favorita no está en París ni en Barcelona sino en Zaragoza, muy cerca de la casa en la que vivían mis abuelos, muy cerca también de la casa en la que crecí. La plaza de los Sitios no tiene (nunca ha tenido) veladores, y para hacer mi particular tentativa de agotarla he de sentarme en un banco. Cruzo las piernas y saco una libreta. Anoto la hora: 13.20. Detrás de mí, a mi derecha, está el quiosco de periódicos. Delante, la fuente con el monumento a los Sitios de Zaragoza y la vistosa alfombra de flores. En el banco de al lado y en los dos de enfrente, cinco mendigos taciturnos (uno en el de al lado, dos en cada uno de los otros). Miro la hora y lo anoto todo: las nubes blancas como de azúcar hilado, la correa extensible de la que tira un fox-terrier, la ropa de la chica tumbada en el césped (zapatillas de deporte amarillas, pantalón vaquero, camiseta ceñida), el titular del periódico que hojea el transeúnte (“El Tenerife hunde al Zaragoza en la tabla”), la silla de ruedas en la que una mujer de aspecto latinoamericano pasea a una anciana vestida de lila.

Anoto también: 13.23, una joven madre corre en persecución de su hija pequeña, que ha salido disparada hacia los coches. Y anoto: 13.25, el mendigo solitario exclama algo así como “¡viva la república de Franco!” Y anoto: 13.28, pasan dos chicas procedentes de la Escuela de Arte (yo no me acostumbro y sigo diciendo Artes y Oficios); las dos llevan el móvil en la mano y parecen estar intercambiando mensajes. Y anoto: 13.30, la joven madre vuelve a correr detrás de su hija, que ahora trata de meterse de cabeza en la fuente; 13.34, dos niños gemelos juegan con sendas game-boys; 13.35, vuelven a pasar el fox-terrier y su dueña, la correa extensible más larga que nunca; 13.36, se oye un frenazo en la esquina con Zurita…

Ignacio MARTÍNEZ DE PISÓN
(Puedes leer el texto completo en Mil y una historias).

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