Si alguien no ha tenido aún la oportunidad de leer esta magnífica novela de Gonzalo Hidalgo en la también magnífica edición de la Editora Regional de Extremadura, ahora tiene la oportunidad de hacerlo en la nueva edición realizada con Tusquets, con epílogo de Luis Landero, en el que, respecto al capítulo segundo y al personaje que sale al escenario por primera vez en él, dice: “cuando yo llegué a ese capítulo, que es muy breve, me fascinó tanto la imagen de ese hombre, y el misterio que lo rodeaba, que leí cada frase tres o cuatro veces, y al final releí entero el capítulo. Es decir, que si el capítulo tiene algo más de página y media, según las cuentas, yo tenía que haberlo leído en un minuto y medio. Pero me llevó mucho más. Y lo mismo me ha ocurrido con muchas páginas del libro. Si les cuento esto es porque a mí sólo me ocurren estas cosas con los libros que me gustan de verdad”, algo que no está de más recordar, para quienes ya conozcan la novela, porque este Campo de amapolas blancas es también de esos libros que merece la pena releer.

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