El señor Valéry sólo conocía a dos personas. La persona que él era, en ese mismo instante, y la aquélla que había sido, en el pasado.
El señor Valéry decía:

–Si sigo vivo conoceré a una tercera persona.

Y entonces el señor Valéry sonreía, con su aire vago e inteligente, mientras, satisfecho, caminaba, a pasos cortitos, en dirección al Yo mismo que se encontraba al día siguiente.

–El pasado tiene un señor Valéry, el presente soy yo, y el futuro tendrá otro señor Valery. Según mis cálculos soy tres personas. Al menos.

–Mientras tanto –aún decía el señor Valéry– 3 personas pueden ser una en el caso de conocerse muy bien.

Y el señor Valéry explicaba:

–Si corremos muy rápido y el espacio es muy corto conseguimos estar en todo el espacio al mismo tiempo.

Y dibujó


–Es posible correr tan rápido de manera que se esté simultáneamente en las tres zonas –dijo el señor Valéry, señalando al dibujo que había hecho.

(Conocer a tres personas es ser con ellas una única –habrá murmurado aún, allí al fondo, el señor Valéry.)

Sin embargo, el señor Valéry no tenía graves crisis de identidad, sólo tenía crisis de hígado en invierno.

(De El señor Valéry)

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