P. Portugal es un país de grandes poetas. Pero no es habitual que los poetas sean novelistas…

R. Portugal tiene muchos poetas de calidad. En cuanto a mí, leo mucha poesía, escribo poesía. Pero más que la poesía, me gustan los relatos cortos, por ejemplo, los fragmentos de filosofía. Muchos de los autores filosóficos que más me agradan escriben en fragmentos: Nietzsche, Wittgenstein, Walter Benjamin son algunos ejemplos. Me agrada sobre todo la idea de concentración; del mismo modo que se concentra una sustancia pueden concentrarse las ideas. Procuro siempre hacer las cosas lo más cortas posibles. Me gusta contar la historia de un escritor que después de escribir una larga carta a un amigo, al final, dice: disculpa por esta carta tan larga, pero no he tenido tiempo de hacerla más corta. Ésa es mi manera de escribir: intentar tener tiempo para hacer las cosas más cortas, para condensar, concentrar. Y en ese sentido hay una relación con la poesía, el arte de la síntesis. Intentar decir lo máximo posible con pocas palabras.

(De la entrevista publicada en El País el 10/11/2007.)

P. Publicaste tu primer libro en 2001, pero desde entonces no has parado…

R. Escribo intensamente desde los veinte años, pero, intencionadamente, no quise publicar pronto, no antes de los treinta años. Primero, encontré que era fundamental el aislamiento. Ir viviendo y al mismo tiempo leer y escribir. Durante diez o doce años, me levanté muy temprano. Soy muy disciplinado, lo que es un inconveniente y también, a veces, una ventaja –la disciplina cuando es autoimpuesta puede volver los músculos más fuertes–. Me levantaba a las 5:30 y a las 7:00 estaba en mi escondite, donde leía y escribía. Un filósofo que me gusta especialmente, Kierkegaard, decía que sólo es posible tener una buena vida si tenemos un buen escondite, y que tener un buen escondite es tener una buena vida. Siempre intenté encontrar un buen puesto de vigilancia del mundo. Sentí, no sé bien cómo, desde muy pronto, que después de publicar – de volverse público algo– las cosas cambian, decidí por eso aplazarlo lo más posible. Publiqué con treinta y un años el primer libro, salieron en seguida otros, todos estaban ya escritos cuando salió el primero. Tengo otros libros, de esa fase del escondite y de fases más recientes. Llevo siempre algunos años de adelanto entre lo que escribo y lo que publico. Eso me permite defenderme de lo que va sucediendo a mi alrededor y ganar una cierta distancia casi estoica: no soy lo que me sucede, intento seguir un poco este mandamiento. Y por otro lado, tengo tiempo para mirar los libros que escribí y cortar, cortar sin piedad, porque al menos espero un año o año y medio entre la escritura –el momento creativo, digamos– y la publicación. Y antes de publicar corto, altero y corto de nuevo, algo que no sería capaz de hacer si publicase inmediatamente después de escribir. Para que te hagas una idea: un libro de cuentos recién editado en Portugal, lo escribí hace casi doce años. Estuve doce años ganando fuerza. Pero si alguien mira el original y el publicado, verá que parecen casi dos libros diferentes: cambié y corté muchísimo. En fin, utilizo mucho el tiempo para ayudarme en la revisión de un libro.

(De la entrevista con Félix Romeo en la web del Círculo de Bellas Artes)

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