Después de colocarse el orden humano por encima de lo confuso —que quedará debajo, pacientemente a la espera del día de regreso— el toque humano final (la mano humana toca) es nombrar.
Dar nombre es un oficio de loco. Después de las cantidadades organizadas se utiliza el alfabeto; dar un nombre a la organización y a la relación de determinados números no es un acto racional. Dar nombre a los números y a sus conexiones es la locura repetida que, por su regularidad, se tornó una normalidad indispensable para la racionalidad humana.
Cualquier ciudad tiene un nombre loco, como son todos los nombres, pues no es un número.

(De Arquitectura, natureza e amor. Trad. Aula de Literatura ‘José Antonio Gabriel y Galán)

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