nos queda otro comienzo
al que volver
otra luz que pisar
en medio de esta bruma que nos moja

aún sigues conmigo en la extrañeza
de tu voz apagándose más acá de tu voz

crece en mí la ceguera de un desierto

tu silencio me impone otra mirada
inmensamente sola
desprevenida
una mirada que abarca la memoria
el tiempo compartido
los días de penuria
el cuenco generoso de tus manos
que todo lo ofrecían

dime que aún nos quedan
otras palabras tuyas
que si las dices
despertarás al mundo

porque más allá de tu voz
de la asfixia de tu voz apagándose
nos iremos en busca
de otro comienzo donde
estarnos juntos
donde mis ojos
retengan para siempre
el gesto vigilante de tus ojos
la palabras sin culpa
la luz que no se extingue
la paz de tantos días
tu fortaleza

no hay cansancio capaz
de ordenar el delirio
el sudor de las preguntas
el puro conocer
el tacto ciego
la vida que se escapa

pero yo no renuncio a tu dulzura
ni a tu torpeza ni a tus pies cansados
ni al aire de la calle en que viviste

están creciendo en mí
siguen creciendo como crecen
la prisa el dolor
en la humedad que lame la alacena
y han de seguir conmigo mientras dure
la ceguera muda de este desierto

(De La semilla en la nieve)

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