Cuando hace dos meses nos visito César Antonio Molina, Ana Reviriego, coordinadora del Aula en el Instituto Valle del Jerte, me contó que se le había ocurrido presentar al poeta explicándoles a los chicos de bachillerato cómo se hace una presentación. La idea me pareció ingeniosa, interesante, aprovechable para esta sesión vespertina del Aula, y de ahí -gracias, Ana- mi presentación de hoy, que he decidido titular

RECETA PARA PRESENTAR A RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

TIEMPO DE ELABORACIÓN

En principio, no demasiado, pues, como narrador, Ricardo es, hasta la fecha, autor de cuentos y novelas cortas. Pero, ojo: hay que tener cuidado con estas obras breves y bien escritas, pues se corre el riesgo de quedar atrapado en el bucle de la relectura, que es fuente de un placer sin límites pero que puede disparar hasta el infinito el tiempo de elaboración de esta receta.

DIFICULTAD

Media-alta.

INGREDIENTES

Los caballos azules, en edición de Alfabía;
La noche feroz, publicada por KRK;
Gritar, publicado por Lengua de Trapo;
La ofensa, Derrumbe y El corrector, publicados por Seix Barral;
Varios cuentos, reseñas, entrevistas y referencias biográficas encontrados en internet.

COSTE

En mi caso, 65,55€, ya que uno de los ingredientes lo tomé prestado. La receta admite más ingredientes y condimentos, pero advierto que no todos ellos son fácilmente accesibles y que si tienen que conseguirlos por internet quizá les supongan gastos de envío adicionales. También es posible reducir costes tomando prestadas en la Biblioteca Municipal las tres últimas novelas o adquiriendo alguno de los títulos en edición de bolsillo.

ELABORACIÓN

1.- Se afila bien el lápiz.

2.- Se abre la edición de Alfabía de Los caballos azules y se lee del tirón el relato, que tiene mucho y muy bueno de borgiano, y que trata sobre un hombre que ha sido otro hombre. Uno puede de paso subrayar frases como «los nombres, como amos brutales, llevan a la realidad atada a una correa» o «nada de cuanto hay en el mundo existe por sí solo. El secreto de la vida radica en la necesidad de los contrarios», frases que quizá no llegue a utilizar o que luego no sepa por qué demonios las subrayó, pero que, en cualquier caso, le sonarán contundentes, como a cosa dicha con fundamento y con las palabras exactas. Al terminar, ávido de más lectura, se encontrará con que la edición original del libro, publicada por Trea, no es fácil de conseguir, aunque podrá subsanar algo esta limitación siguiendo las indicaciones del siguiente apartado.

3.- Se busca en Google el listado de relatos que integran la edición original de Los caballos azules. A continuación se van entrecomillando los títulos seguidos del nombre del autor -también entrecomillado- y se podrán encontrar cuentos como “Ceremonia”, “Eternidad” o “El caso Abramavicius”, con los que el lector seguirá el mismo proceso descrito en el apartado anterior, volviendo a disfrutar de rigor narrativo, prosa elegante y erudición comedida, aunque sin llegar a saciar sus ganas de leer.

4.- Por eso mismo abrirá inmediatamente Gritar y lo hará por cualquier relato. No se preocupen por el orden: les aseguro que no se dejarán atrás ninguno, pues todos son magníficos. Aquí cabe señalar frases como «el mundo es un lugar tan extraño que hemos de corregir nuestra mirada de modo constante para que el terror no nos invada en la mesa del desayuno, en las reuniones de trabajo o mientras practicamos sexo una vez por semana» o «el mundo es un lugar muy extraño», en las que uno comienza a intuir que se encierran algunas claves de la poética narrativa del autor.

5.- La noche feroz se lee después con la angustia de lo inevitable, que el autor nos deja entrever desde las primeras páginas, casi desde la propia portada, y es que a Menéndez Salmón no le importa tanto jugar con nuestra sorpresa como provocar nuestra estupefacción. La novela, además de feroz, es bronca, y uno desearía que fuese tan sólo una metáfora de la Guerra Civil pero no es así. Si subrayamos, por ejemplo, que «de todos los placeres que conoce el hombre, ninguno es mayor que el de causar dolor. La contemplación de la belleza o el trance del amor físico no pueden compararse con el goce de quebrar un hueso» nos daremos cuenta de que en realidad trata sobre nuestro lado más oscuro.

6.- La ofensa es una novela breve y redonda ambientada en la II Guerra Mundial sobre «un hombre emasculado en su sensibilidad», sobre un cuerpo que se olvida a sí mismo para negar el horror. Quizá a estas alturas, además de subrayar, podamos permitirnos alguna glosa. Así, al leer que «cuando vieron al caballo entrar al galope, con los ojos desorbitados y los belfos radiantes de espuma, comprendieron que algo terrible sucedía», puede que recordemos el sueño de “Los caballos azules”, la trágica apoteosis equina de “Eternidad” o los terribles relinchos que rasgaban el silencio de La noche feroz y que anotemos al margen que en la narrativa de Menéndez Salmón el caballo es una figura recurrente, que nos asalta a menudo con el rostro desquiciado con el que se asoma al Guernica, como un hermoso heraldo del horror, y quizá así habremos puesto de manifiesto uno de esos detalles que, aunque aparentemente sin importancia, dan unidad y solidez a toda una narrativa.

7.- Que Derrumbe es la segunda de las entregas de una trilogía del Mal lo intuimos en las primeras líneas, y lo corroboramos a la largo de sus intensas 189 páginas, en las que Mortenblau, un serial killer con escalofriante aspecto de hombre normal, y los Arrancadores, tres adolescentes transformados «en trueno, en azote, en marea viva y destructora», se dedican a aniquilar con la misma lógica frialdad con que los nazis organizaron el Holocausto. No en vano afirma Manila, uno de los protagonistas de la novela: «Estamos tratando del Mal, con mayúscula. Una de las palabras más cortas; uno de los viajes más largos», afirmación que bien podemos subrayar, además de anotar, por ejemplo, que, como en La ofensa, la trama se resuelve en cierta medida en una nueva kafkiana y desconcertante bajada a los infiernos.

8.- Sin embargo, nada más comenzar a leer El corrector nos encontraremos en el mismísimo infierno, pues en la novela Menéndez Salmón, a través de un alter ego, retrata con agudeza el espanto, el estupor, la conmoción que todos sentimos aquel fatídico 11 de marzo de los atentados de Atocha. Aquí para enriquecer nuestra presentación podemos tomar nota de otras dos recurrencias narrativas: la primera, quizá insignificante, la mención de mujeres a las que se les corta la leche ante la catástrofe, que ya aparecía en la novela anterior y que puede que, acaso por influencia de los caballos, nos traiga también a la memoria el horror del Guernica; la otra, una cita que ya abría Derrumbe: «el terror es la maldición del hombre», y que pertenece al libro Los demonios, de Dostoievski, que es a su vez, curiosamente pero no por causalidad, el libro que leía el maestro de La noche feroz y el libro al que se enfrenta el corrector de estilo que da título a esta última novela, una recurrencia que quizá se explique porque, en buena medida, las historias de Menéndez Salmón tratan sobre nuestros demonios interiores.

9.- Una vez listos los ingredientes, se abre un documento de texto, se mecanografían citas, glosas e impresiones de lectura, se añaden al gusto datos biográficos o extractos de alguna reseña, se va removiendo todo a fuego lento hasta que cuaje y se deja reducir hasta que queden entre 1.200 y 1.500 palabras.

PRESENTACIÓN

Por último, la presentación deberá ser leída despacio, en voz alta y clara y con decisión, marcando bien las pausas y el ritmo de la prosa.

Hasta aquí la receta. Quizá alguno de Uds. piense que, a fin de cuentas, todo esto no ha sido más que el resultado de un juego de palabras fácil y gratuito con el segundo apellido del autor. A este respecto les diré que, aunque así fuera, el juego no resultaría tan caprichoso, pues, como el salmón, y aunque sólo sea por pura coincidencia biográfica, Ricardo Menéndez nada en aguas del norte y, también como el salmón, no es de los que se deja llevar por la corriente literaria, sino que remonta el río con libros duros, no siempre fáciles, con rigor, personalidad y una prosa trabajada, y eso se nota cuando uno los abre y ve que, de tanto castigarse con rápidos y espumas, sus carnes no son blandas y blanquecinas sino recias, sonrosadas por el rubor de sangre que fluye por debajo de sus historias certeras y viscerales, unas historias que cada día suscitan más reseñas y opiniones favorables, algunas entusiasmadas, a más de uno, dentro de unos años, cuando encuentre el nombre de Ricardo Menéndez Salmón en la lista de autores que figura al final del cuadernillo, le harán exclamar: «Menudo pez gordo vino al Aula el nº50».

Juan Ramón Santos

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