MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ – EL SÍNDROME CHÉJOV

Un detective es un tipo que mira, por definición. Alguien que se convierte en nuestros ojos conforme la novela avanza. El detective es la encarnación literaria del mirón que todos llevamos dentro, la traducción y mezcla en forma de trama de puntos centrales de la técnica literaria: el narrador, el punto de vista, la distancia con el relato, la focalización, el desenvolvimiento de la acción en tiempo real, o al menos al compás que el detective, con su mirada e investigaciones, nos marca. Es el personaje idílico, con claves establecidas que seguir, con visillos ya colgados por muchos autores anteriores desde los que mirar un paisaje distinto, el personaje de los ritos y códigos, y que no deja mucho lugar a las transgresiones. Permite al escritor de novela saber que unas tablas de la Ley le respaldan, y que apenas puede modificarse un mandamiento, si acaso, aunque siempre se sienta la tentación de hacerlas pedazos, como hizo el otro.

El detective de Fuentes se llama Ricardo Cupido. Apellido de enamoradizo, es un detective vulgar, corriente, sin semas significativos. Vive en su pueblo, el de toda la vida, Breda, un microcosmos extremeño que ha heredado todos los vicios de la gran ciudad sin dejar de ser un pueblo, y vive solo, como tiene que ser, es atractivo, alto, no parece un detective, inspira comprensión en los tipos a los que investiga. Ama los paseos en bicicleta, y ha desarrollado una íntima amistad con el teniente Gallardo, guardia civil con el que mantiene una fructífera colaboración a la hora de investigar sus asuntos. Estuvo en la cárcel por contrabando. En el relato “Perseo en Breda”, que fue finalista de los premios Max Aub del año 88, un Cupido adolescente, al que sus amigos apodan Kao, cuenta en primera persona que su familia se dedicaba al contrabando a través de las sierras extremeñas junto a las que Breda está ubicada. Tiene el socorrido ayudante-confidente que todo buen detective posee, que en su caso es el Alkalino, un tipo que siempre le orienta hacia el lugar correcto cuando su investigación se estanca.
Al contrario que otros detectives de novela negra o policiaca, Cupido apenas investiga; es decir, su presencia no llega a ser casi nunca fundamental para que los casos se resuelvan. Es el presentador impasible de un telediario de muertes, corrupciones y ambiciones ante las que permanece, lívido, al margen. En ocasiones su presencia es secundaria en la novela, así en La sangre de los ángeles. Aunque es la dinámica que él da a sus preguntas, a su relación con los investigados, lo que sutilmente deviene en resolución final de cada uno de los casos.

(El síndrome Chéjov dedicó al publicarse Cuerpo a cuerpo una larga e interesante serie de entradas a las novelas de Eugenio Fuentes que uno puede leer pinchando aquí y saltando luego de una entrada a otra).

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