“-Ahora que tiene tanto tiempo para escribir, especialmente en esas tardes alemanas invernales, cuando oscurece pronto y hace frío, ¿ha sentido el terror ante el folio en blanco, el estar sentado ante el ordenador sintiéndose vacío? ¿Cómo lo supera, tiene alguna superstición sin la cual es incapaz de escribir?
-A mí me dan miedo los fenómenos intimidantes de costumbre, pero no la página en blanco ni la página llena. Tengo unos truquillos que pongo en práctica en situaciones de sopor, de bloqueo, de marasmo imaginativo. El más eficaz consiste en la ingestión de manzanas. Luego he sabido que Friedrich Schiller, en el siglo XVIII, me imitaba. A diferencia de él, yo dispongo de dicha fruta, como decía mi abuelo, las veinticuatro horas del año. Otro truco con el que intento estimular la inventiva es el sofá. Tumbado en él espero el tiempo que haga falta, en apacible postura, a que el cerebro me dé el título de la novela, me escenifique determinado episodio, me resuelva el final de un capítulo, etc. Conviene no desdeñar otros trucos como, por ejemplo, gozar de salud, no tener problemas, practicar la alegría y administrarle de vez en cuando a la inteligencia unas dosis razonables de ingenuidad.”

Se trata de un extracto de la entrevista de Nuria Azancot a Fernando Aramburu publicada el pasado 12 de febrero en El Cultural del diario El Mundo. En ella charlan de garbanzos y chipirones, del problema vasco, de la tiranía de lo gris y de sus dos últimos libros, Viaje con Clara por Alemania y Yo quisiera llover. Podéis leer la entrevista completa pinchando aquí.

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