Con dedos cuidadosos tomas la piedra en el patio nevado.

Tras los cristales miro el vaho denso

que fluye de tu boca, y derramarse

tu pelo negro por el día blanco.

Sobre la palma que he sentido en la noche

con amorosa lentitud, la dura

piedra sostienes, mitigando su frío poco a poco,

su vida sin vivir como es la nuestra

cogida por azar en otra mano,

una mano que cede su calor por un instante

y en otro patio con desdén o furia

acaso nos arroja contra un muro.

 

                           (De El tiempo en su arcángel)

 

                            

 

Yo quisiera llover, llover

interminablemente,

sentir que me deshago en una

larga melena de gotas finas y festivas.

 

Mi sueño es un caer, es un caer

que moja en la desamparada tarde

los muros

cenicientos, las lápidas, los rostros.

 

                             (De Bocas del litoral)

 

 (Los dos poemas aparecen en la antología Yo quisiera llover, recientemente publicada por Demipage.)

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