Para celebrarlo, la presentación de Pureza Canelo (se me había olvidado colgarla):

“Les contaré para comenzar que, al tomar notas para esta presentación, el corrector del procesador de texto, que a menudo se pasa de listo, se empeñaba en aplicar a rajatabla las reglas de concordancia y en sustituir una y otra vez el nombre de la autora que nos acompaña esta noche por el de Pureza Canela. Tal era su insistencia que acabé por desactivar la autocorrección ante el temor de que, más que en la presentación, en el cuadernillo, se acabase deslizando alguna estúpida errata, de esas que tanto afean cualquier publicación. Aun así, el asunto me dio que pensar, y se me ocurrió que si, además de reglas de ortografía y nociones de gramática, Word dispusiera de algún tipo de diccionario de ideas afines, probablemente me habría sugerido además, para corregir un presunto error semántico, nombres como Pureza Blanca o Pureza Inmaculada, al entender que cualquiera de esos adjetivos estaría más próximo que «canelo» a una cierta idea generalizada de pureza, y es que supongo que los ordenadores lo tienen difícil -y difícil lo han de tener por más que avancen el hardware o el software o la inteligencia artificial- para enfrentarse con éxito, desde su limitada mentalidad binaria, a metáforas, metonimias o paradojas, a un mundo tan irracional como el de los versos, en el que casi nunca dos y dos son cuatro, con lo que, en definitiva, resulta perfectamente lógico que a mi ya de por sí desfasado Word 2002 se le haya viniendo atravesando sin remedio un nombre tan cargado de poesía como el de Pureza Canelo.

Como dice el texto biográfico del cuadernillo, la autora «irrumpe en el panorama poético español con la obtención del Premio Adonais 1970», pero esa fecha, 1970, no es más que la de su epifanía poética, pues para cuando se le concede el prestigioso galardón por Lugar común, Pureza ya había publicado en algunas revistas y diarios y preparaba su primer libro, Celda verde, una selección de poemas escritos entre los dieciséis y los veintitrés años, datos estos que dan buena cuenta de su precoz iniciación en la poesía.
En Celda verde aún es posible encontrarse con la muchacha que trepaba a las higueras y que, antes de proseguir sus andanzas por tierra, no podía evitar quedarse rezagada allá arriba, atisbando el mundo entre las ramas, gozando del privilegio de la altura, y que, al volver a casa, disponía no sabemos si de esa famosa habitación propia de Virgina Woolf, pero sí, como dice Pureza en “Niñez ayer”, de

(…) un rincón para escribirme a solas
como de niña a niña,

un rincón en el que ya dialogaba con la poesía, en un coloquio menos infantil de lo que pudiera parecer y que a menudo se transformaba en lucha, en ese gozoso combate nocturno con la palabra que resurgirá una y otra vez a lo largo de su obra.
En 1971 Pureza publica también Lugar común, un libro atrevido, construido, en palabras de la autora, con un «instintivo y libérrimo lenguaje, muchas extravagancias y desigualdades en el texto poético, salpicado de hallazgos sorprendentes, feroces intuiciones creadoras, saltos de vocablos sin red», y acerca del cual también afirma que «estaban ocurriendo cosas extraordinarias en el verso y hasta se resentía mi cuerpo», algo que hace pensar que si Celda verde entraña, en cierto modo, su infancia, Lugar común simboliza la pubertad, el inicio de su transformación en adulto y de su inagotable indagación en torno a la creación poética, procesos ambos que recogen bien estos versos del poema «En esta noche, salvándome»,

Ya he mojado mi lengua en la palabra
y es el mismo truco y la misma esperanza:
al escribir me ayudo de los dedos,
del papel virgen que va desabrochándose,
de un planeta oculto que alguien colocó en mi cabeza
y ahora me toca desenvolverlo.

Sin embargo, esa transformación de la que hablaba no se consolidará hasta la siguiente obra, El barco de agua, de 1974, un libro en el que su escritura se tranquiliza, se sosiega, y que le valdría las siguientes, emocionadas palabras de Gerardo Diego: «Pureza Canelo se ha inventado una gramática, una sintaxis, que domina profundamente y que le da una gran originalidad (…). Para mí su libro es uno de los fenómenos más significativos del ya brillante panorama actual de la joven poesía femenina española».
En 1979 la autora publicará su siguiente libro, Habitable, pero ya antes había escrito otro poemario, Pasión inédita, que, haciendo honor a su título, permanecería inédito hasta 1990, en el que, al hilo de una relación amorosa más o menos evidente, lo que se pone de manifiesto es su fervoroso e irrenunciable compromiso con la Poesía.
De ese libro merece la pena destacar un poema breve, contundente y provocador titulado «A contra moda», que constituye casi una declaración de principios y en el que Pureza advierte a sus lectores:

No lo olvidéis
a contra moda vivo
y a contra moda escribo
desde que en este océano
eché los primeros dientes,

haciendo explícita de ese modo una actitud de rechazo a grupos o corrientes poéticas, de las que desconfía, y que le llevará a preguntarse con sinceridad y sin tapujos en su siguiente libro,

¿A cuántas mentiras estamos acostumbrados
en esto de la palabra hecha escopeta sonora?

Ese hacer oídos sordos a los cantos de sirena de las modas le valdrá, como reconoce en el poema «Noviembre», fama de mujer esquiva e insobornable, y es, además, el presupuesto, la condición necesaria de su aventura poética, que transcurre desde el principio en solitario y que hace de la soledad, de esa «hermosa / soledad» con la que arranca el poema que da título a su último poemario, Dulce nadie, otro de los motivos recurrentes de su obra.
Con Habitable, Pureza inaugura una segunda etapa marcada por la autocrítica, por una inconformista revisión de sus presupuestos poéticos que se prolongará durante más de veinte años en los que la autora construye, derriba y vuelve a levantar poéticas desde la propia poesía, pues, como ella misma ha dicho, «una reflexión de la poesía fuera del poema es grado inferior al que no aspira el alma del poeta», y cuyo resultado son cuatro libros de poemas –Habitable (Primera poética), Tendido verso (segunda poética), Tiempo y espacio de emoción y No escribir-, en los que una y otra vez, como dice en el poema inaugural de Habitable

(…) parto de cero
en mi convencimiento de lo practicable

y en los que a menudo agota el recorrido de sus renovadas poéticas, pero que constituyen, sin lugar a dudas, una muestra incuestionable de la profunda honradez de Pureza Canelo, de su respeto reverencial por el que debería ser el segundo mandamiento de la ley de todo poeta: no tomar la Poesía en vano.
De estas cuatro poéticas especial mención merece la cuarta, contenida en el libro No escribir, no sólo por constituir una peculiar poética del silencio, de cómo ese respeto reverencial por la Poesía puede llegar a enmudecer al poeta, sino porque ese largo silencio es también consecuencia de otra faceta fundamental en la trayectoria de Pureza Canelo, la de su compromiso con la Cultura, que la ha llevado a desarrollar, en todos estos años, una intensa actividad de difusión cultural, de la que, por marcar algunos hitos, podemos destacar la fundación, en los setenta, de la Biblioteca Pública de su pueblo, Moraleja, su labor como jurado de los premios Adonáis o su trabajo, desde 1999, como Directora Gerente de la Fundación Gerardo Diego, y que, sin duda, ha sido una de las razones que la han hecho merecedora de la Medalla de Extremadura.
Por último, con Dulce nadie, publicado en 2008, comienza una nueva etapa en la poesía de la autora. Se trata de un poemario de soledad rotunda caracterizado, según ella, por un «lenguaje que busca transparencia y lo esencial alejado de la antigua obsesión metapoética», pero que encierra, al tiempo, una nueva poética, una nueva forma de escribir marcada por una mayor concisión, en la que la gramática trabaja más que nunca al filo de lo imposible, sobre unos poemas reducidos a la quintaesencia, a un estricto hilo de voz en los que el silencio alcanza por momentos peso igual al de la palabra.
De este libro, Dulce nadie, me gustaría leerles para terminar unos versos del poema «Alas», en primer lugar porque me gustaron, pero también porque parecen resumir toda una vida, todo el intenso, honrado, lúcido e inconformista quehacer poético de Pureza Canelo:

Antes de abrazar los ángulos
superiores de la noche,
todo vivir ha sido
búsqueda en el aire, plenitud
hacia el olvido.

Con estos versos les dejo sin más con Pureza, no sin antes darles las gracias, a ustedes, por su atención, a Caja de Extremadura, por su renovado apoyo, y a la autora, por el sincero entusiasmo con el que desde el primer momento acogió nuestra invitación.”

Juan Ramón Santos
Plasencia, 23/11/2010

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