la radio, una canción de The Smiths que ya entonces era vieja, take me out tonight because I want to see people and I want to see lights, en el descapotable hacia donde el sol foguea el horizonte [bien podría ser un cartón-piedra de Las Vegas, la Ciénaga de Manganelli, o tierra bajo tierra]. Como en Encadenados, me abrazas. Perdida en un bosque de resacas más ficticias que reales me encontraste en un claro. Te detuviste a recordar cómo era la luz, su porqué, quién la creó [dijiste que yo]. Ya tus ojos eran brújulas orientadas verticalmente hacia arriba; pero el cielo
no tiene horizonte, pensé, salvo ese gélido eco que nos llega del Big Bang llamado radiación de fondo. La memoria no está en la maquinaria, sino en la grasa de los relojes, [te pones el sostén derecho]. Pero el tiempo no es el mal, sino una crónica obsesión padecida por las cosas que no las deja definirse. Ambos sabíamos que la longitud de una carretera en algún mapa [sólo hay que buscarlo] equivale a la combustión de un cigarro, que las películas son mentira, y el horizonte el cable tenso contra el que, ignorante, aceleras. Me besas, me abrazas, ingenua tarareas con la radio, to die by your side, sucha heavenly way to die.

(De Carne de Píxel, XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Burgos, publicada por DVD.)

Anuncios