Se ha cerrado la puerta sin un ruido.
Ella no sabe aún que se ha quedado
sola, y dice palabras que no entiendo.
Desde la oscuridad miro sus ojos,
un rostro enrojecido por el llanto,
labios, senderos, cumbres y praderas
por donde anduve en tantos sueños. Miro
un cuerpo que he gozado en otro cuerpo,
que me ha acariciado con mis manos.
Aún no sabe que todo está perdido,
que esa puerta se cierra para siempre.
“Bienvenida al infierno”, amiga mía.
“Estoy dispuesta a olvidado todo”,
parece que suplica. “¿Qué va a ser
de mí a partir de ahora?” Yo la miro
y me miro mirada con tus ojos,
lector que sólo ves lo que yo veo.
Una mujer que llora inconsolable,
al fondo del domingo, en otro mundo,
y alguien que mira desde un cuarto oscuro
en el hotel de la literatura.
Sombras los dos, papel y tinta y nada,
y sombra tú, lector que les das vida
mientras te desvaneces para siempre.

(De Principios y finales)

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