La tranquila caída de la nieve
lejos de todo, cerca de mi infancia,
de su terror y su deslumbramiento.
El mundo vuelve a ser un libro intacto,
palabras que aún esperan unos ojos,
páginas que aguardan ser escritas.
Arde en la hoguera todo lo que he sido,
humo es mi vida que se desvanece,
agua vertida, viento entre los pinos.
Ya ni recuerdo cómo te llamabas,
ya no sé si fui víctima o verdugo.
Se aleja un tren, silba en la memoria,
me lleva lejos, para siempre lejos
del que fui, del que soy, hacia aquel niño
que miraba pasar trenes y días
mientras caía la nieve que ahora cae.
Doy la mano a este niño deslumbrado.
Calles con nieve, cumbres encendidas,
las cosas sin sus nombres todavía.
Mi vida vuelve a ser un libro en blanco.
Cierro los ojos, arden las palabras,
la ropa sucia de mi vida arde.
Desnudo avanzo, niño, de tu mano
mientras cae el silencio copo a copo,
y se hace de noche, y nace el mundo.

(De Al doblar la esquina)

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