“Quién hubiera tal ventura”
a lo lejos se oía.

Pero nadie escuchaba
la antigua melodía.

Toda la noche en vela
con tu ausencia y la mía.

Un teatro de sombras
la habitación vacía.

Manos, labios, ventanas,
puertas que no se abrían.

Mi sombra se desnuda,
otra sombra la espía.

“Quién hubiera tal ventura
sobre la azul lejanía”.

La sirena de un barco.
Un poco de agua fría.

Sobre las verdes cúpulas
se despereza el día.

(De Légamo)

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