Una iusión: el fugitivo instante no se puede detener, pero sí es posible retener algo de su magia entre las mallas del verso.

Otra ilusión: la literatura se hace con palabras, pero, si tiene algún interés, es porque consiste en algo más que palabras.

Los únicos poemas míos que me gusta releer son los que no he escrito yo.

Comencé a escribir porque no tenía con quién hablar. Ahora escribo porque no tengo con quien callar.

A los amigos literarios, prefiero los enemigos. Molestan menos.

Suele acercarse de incógnito y de puntillas. Sólo la reconocemos cuando se levanta para marcharse. Son inútiles las súplicas. Volverá, si quiere, cuando ella quiera. (Ya no sé si escribí estas palabras a propósito de la poesía o de la felicidad.)

Mis poemas son de quien los quiera. Cualquier apropiación indebida, resulta bienvenida. Ser propietario de un poema me parece tan ridículo como ser propietario del amanecer.

La poesía no tiene dueño; el poeta es sólo un amanuense.

(De Mudanza)

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