EL PAÍS, 5/03/2011

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

El escritor publica Un momento de descanso, novela de campus y obra pesimista: “Es la risa amarga de una elegía alegre”

Antonio Orejudo ha escrito una novela pesimista de risa. En Un momento de descanso, este madrileño de 1963 mezcla los delirios de la realidad con sus propios delirios y su experiencia de profesor universitario en España y en Estados Unidos. El resultado es una novela de campus, un género muy cultivado en el mundo anglosajón, pero muy poco en la narrativa española.

PREGUNTA. ¿Por qué hay tan pocas novelas españolas de campus?

RESPUESTA. Porque aquí en España el referente, la universidad, es tan cutre que el resultado es siempre un sainete o una astracanada. La universidad anglosajona conserva un envoltorio refinado que permite la ironía.

P. Maniobras para favorecer a un candidato mediocre pero “de la casa”, amenazas… ¿Qué dice su director de departamento?

R. Tienes que exagerar para expresar mínimamente la realidad, pero los únicos que no se han sorprendido de esas historias son mis colegas.

P. Usted cita el libro de Jaume Claret, El gran desmoche, que relata el plan del franquismo para…

R. Acabar con toda brillantez. Se trataba de evitar que la brillantez académica fuera caldo de cultivo de oposición. Ese proyecto tuvo una ayuda inestimable: la mediocridad de aquellos penenes [profesores no numerarios] que en la transición entraron masivamente en las facultades.

P. ¿Lo que aquí es mediocridad es corrección política en Estados Unidos?

R. La universidad anglosajona, virtuosa en muchos aspectos, tiene ahí su talón de Aquiles. Es una dictadura que adultera cualquier relación con los alumnos. Estás más pendiente de que no te denuncie una minoría que de dar clase.

P. Su novela bromea con minorías y mayorías. ¿No hay límites para el humor?

R. Mi límite es mi madre. Cuando escribo, me pregunto: ¿podrá bajar a comprar sin que las vecinas le digan, “mira las cosas que escribe tu hijo Tonín”? En serio, no tengo un límite, pero ni para respetarlo ni para saltármelo.

(Puedes leer el resto de la entrevista en El País.)

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