– “[…] Un libro es una conversación. La conversación es un arte educado, y las conversaciones bien educadas evitan los monólogos muy largos, y por eso las novelas vienen a ser abusos del trato con los demás.” Quiero añadir ahora otra cita. Es de David Mamet. En su libro Sobre la dirección de películas dice: “Lo primero que ha de preguntar un director es dónde pongo la cámara.” Yo creo que eso es también lo primero que ha de resolver un escritor: el lugar que ha de ocupar, el lugar desde donde va a mirar la realidad, el mundo, su propia vida.” (De “Hall”, en El arte del yo-yo, Valencia, Pre-Textos, 1996, p. 12).

– “[…] en una novela no hay nada de todo lo que hay en la realidad porque sólo hay, estrictamente, aquello que el autor pone. Nada es causa ni efecto de nada que no haya surgido de la deliberada y explícita voluntad del autor, de ahí que los novelistas que aseguran que los personajes cobran vida propia una vez iniciada la ficción o mienten como bellacos o se equivocan como ingenuos.”(De “El miedo a la ficción”, en Teatro de variedades, Sevilla, Renacimiento, 2002, pp. 182-183).

– “Ser poeta es mi manera de estar solo, creo que dijo Pessoa. Contrariamente, creo que ser periodista es mi manera de sentirme acompañado. Para mí el periodismo ha sido siempre un género narrativo, quiero decir, que me gusta practicarlo, que si me siento cómodo dentro de unas reglas que lo rigen -extensión estricta, atención a los asuntos de actualidad…- es porque me parece que esas reglas no contradicen los presupuestos narrativos que uno desea poner en juego.” (De “Epílogo”, en La holandesa errante, Ediciones Nobel, Oviedo, 1998, p. 176).

“Dificultades del escritor andaluz” A Quin Monzó
Todavía hay quien se queja de que para que le hagan caso a lo que escribe hay que subir a Madrid. Escribir en Andalucía, dicen algunos escritores andaluces, sigue siendo llorar. El escritor andaluz se encuentra con una serie de dificultades ajenas a las propias dificultades que devienen del propio hecho de escribir, que en muchas ocasiones atrofian e impiden dedicarse de lleno a la Literatura, como al parecer hacen los de Madrid.
A mí, al principio de conocer tales quejas, me dio una especie de risa: pobres diablos, me dije, quejarse a estas alturas para justificar su propia mediocridad. Puse el ejemplo de Muñoz Molina, cotizado, famoso y célebre, sin dejar de vivir en Granada. Pero después me puse a pensar y me cercioré de que, en efecto, el escritor andaluz se encuentra con una serie de obstáculos insuperables que dan al traste con su vocación de escritor, haciéndonos perder en muchos casos auténticos genios con que aumentar la ya extensa nómina de geniales escritores andaluces (ahora no me acuerdo de ninguno, pero seguro que los hay).
Detallaré alguno de esos obstáculos que se le imponen a los escritores andaluces para hacerles más difícil el ejercicio de la Literatura. Por ejemplo, supongamos que nuestro escritor andaluz tiene la costumbre de escribir sus obras con bolígrafo. VIve en Utrera. Es domingo por la tarde. Se le acaba de ocurrir una idea genial para un cuento. Busca bolígrafo y papel y los encuentra. Pero al apoyar el bolígrafo sobre el papel se da cuenta de que no tiene tinta. Le da aliento a la punta, pero sigue sin tintar. Lo frota una y mil veces, pero nada. Está claro que el escritor andaluz tiene ahí un obstáculo insuperable para ejercer el arte de la literatura, y lo más seguro es que al día siguiente, cuando pueda ir a la tienda a por un bolígrado, ya no tendrá ganas de ponerse a escribir aquel cuento, y lo que escriba sea un artículo encendido quejándose de que en Andalucía, aún, escribir es llorar. […]
La única solución es irse a Madrid, porque allí no se escribe ni con bolígrafo, ni con ordenador, ni con lápiz, ni con máquina de escribir. Allí ni siquiera hace falta escribir. Allí se dicta a una secretaria. Eso también se puede hacer en Andalucía, me dirán. Sí: pero ¿y si la grabadora no graba, o la secretaria confunde nuestras palabras? No, en Andalucía es muy difícil escribir. Los escritores andaluces se encuentran con menos dificultades, se les quitan las ganas de decepciones y fraudes.
Es verdad, tienen razón los que se quejan de que para que les hagan caso a sus obras maestras tienen que irse a Madrid.
A ver si se animan de veras, y se deciden a marcharse de una vez. (De El arte del yo-yo, Valencia, Pre-Textos, 1996, pp. 161-164).

(En Cátedra Miguel Delibes)

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