Y ahora hablaré de la maravillosa aspereza de tus manos cuando llegan a mi alma, directas, desde el Vim-Clorex,
hablaré del olor celeste a cebolla o sardinas que tiene a veces tu ternura,
de tus te quiero con estornudos, o con prisa o qué sueño,
de los cinco hijos que dan a cada gesto tuyo ese inmenso trasfondo de años y habitaciones y lágrimas y viajes,
ese inmenso trasfondo que tanto te embellece,
compañera de lunes, de martes, de heridas, de sonrisas, de aniversarios secretos, de Beethoven,
de papeles que lo lamentan mucho pero no,
compañera.

16-XII-81

(En Es cielo y es azul)

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