Cuando estés en Wyoming por fin, y como siempre
despiertes -en Cheyenne o en Buffalo- y sea lunes
y lluvia, como siempre,
y vuelvas a encontrarte en el espejo,
como siempre, a ese pobre
diablo que no puede soportarte,
y deberes, hastío, soledad y fracasos
hayan urdido en torno a ti otra jaula
de sombra como ésta;
cuando no tengas más remedio que admitir
que allí también está la vida, esta miseria,
y que los Brown, los Fox y los McKinley
tienen también por dentro
eso tan infrahumano que es un hombre;
cuando, en definitiva, Wyoming sólo sea
el nombre desabrido
de la maldita realidad,
entonces
a ver qué territorio de esperanza te inventas,
a ver con qué palabras escribes los poemas
que hoy escribes soñando con Wyoming.

6-X-88

(De La música extremada)

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