Escribo estos versos mientras arden.
Miro por la ventana y me sitúo
del lado de la vida, en lo oscuro,
domo un actor que sale de la escena
a contemplar sus propios movimientos,
el teatro del mundo.
Observo el escenario y me descubro
espiando a los niños que yo he sido,
al hombre que no soy pero me habita,
con el que muchas veces, para poder vivir,
he llegado a un pacto de silencio.

La gente que ha pasado por mi vida
se instala lentamente en el poema
al salir de mi mano y mientras arde
celebra estar aquí
y haber sobrevivido
al invierno más largo, a tanta ruina.

Mas siempre las palabras
nombran la realidad sin ser reales
fuera del cauce de unos pocos versos
que mientras nacen arden
para nunca extinguirse y con el tiempo
escribirse a sí mismos proclamando
que las pavesas que hoy dispersa el viento
latieron algún día intensamente,
que esto que ahora son cenizas
fue un día un hombre.

(De Mientras arden)

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