Ha sido una costumbre ver la vida

desde este mirador, lejos de todo.

Por toda compañía este paraje

que presta en lo mudable

solaz al pensamiento.

He comprendido

que poco necesita quien renuncia

a cuanto, subrepticio, se interpone

entre su ser y el mundo.

Como cabe

dejar de lado aquello

que sólo sirve —estólido—

al dios de lo tangible.

Así, rendirse

ante el árbol zaherido que cobija

la sombra de los siglos.

Así, ante la garganta que conmina

a ver por siempre el agua como espejo

de aquello que no acaba, aunque sí cese.

Para escrutar paciente en la alta noche

el ritmo mesurado de los astros

cediendo recurrentes a un designio

no por sabido cierto.

Es este observatorio un lugar cóncavo:

en el caben los libros y los mares,

las ciudades, las islas y los hombres.

A su modo, contiene el infinito.

He optado por quedarme

del lado de su centro.

Assajant sempre cercles.

Intentando encontrar

el que, dudoso,

pudiera al fin llamar

el convincente.

*   *   *

(De Ensayando círculos)

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