-¿Qué primeros libros despertaron tu voracidad lectora?

– A diferencia de la mayoría de la gente no me inicié con historias infantiles y juveniles, a excepción de un clásico como “La isla del tesoro”. Provengo de una familia obrera y en mi casa lo que había era alguna colección de obras clásicas. Recuerdo que con 13 o 14 años descubrí títulos como “Las mil y una noches”, “Ivanhoe”, la “Iliada”, que no conseguí terminar, y la “Odisea”, que me gustó mucho más. Más tarde,con 18 años, llegaron a mi vida dos autores fundamentales en mi formación, Julio Cortázar y Peter Handke. Leyéndolos fui consciente de lo que quería escribir. Con “Final del juego” o “Historias de cronopios y de famas”, de Cortázar, me di cuenta de que la literatura no consistía sólo en contar aventuras o vidas cotidianas. Cortázar me abría las puertas a mundos ocultos, mientras que Handke me hablaba de cierta parte de las emociones de las que es difícil hablar, sobre las que es muchísimo mejor escribir. De él recuerdo especialmente la edición de Alianza de “Carta breve para un largo adiós”.

Fotografía: Karina Beltrán © 2013

– ¿A qué hora y en qué lugar te gusta leer especialmente?

– Me gusta leer por la tarde, después de comer, y por la noche, antes de dormir. Las mañanas las utilizo para escribir. Escribo de pie y leo tumbado, en el sofá y en la cama. [Ovejero señala que no es el único autor que opta por escribir de pie, que, según le han dicho, otros autores como Günter Grass también tienen esa costumbre. Explica que tiene que ver con la necesidad de moverse y muestra la mesita alta, con el ordenador incorporado, que se encuentra en el cuarto de la terraza, el mismo que comparte con el protagonista de su novela, “más un invernadero que una habitación, rodeado de ventanales y con un techo de PVC”, describe en la página 120].

(Puedes leer la entrevista completa en la web Lecturas sumergidas.)

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