Rompiendo el cascarón

No es fácil, para el escritor, romper la crisálida. Y no me refiero a la -desde luego- ardua tarea de encontrar editor, de lograr que alguien decida dar a la luz en papel sus poemas, sus relatos, sus novelas. Me refiero a los miedos que en todo momento le asaltan durante el proceso de escritura sobre cuál será la respuesta del público en el momento en que su obra resulte accesible. El de escribir es un ejercicio arduo, solitario, subterráneo, que a menudo ni siquiera acaba por salir a la superficie, y, durante el largo período que dura el encierro, el escritor no sabe si cuando se rompa el capullo va a aparecer transformado en una frágil mariposa, o en una áspera polilla o si, por el contrario, y a pesar de tanto trabajo, no va a salir arrastrándose de nuevo, sin llamar la atención de nadie, sin dejar de ser el gusano feo y laborioso que entró, semanas o meses atrás, en la habitación. Supongo que en un ámbito marcadamente masculino como es todavía el literario, para una escritora las dificultades y las dudas han de ser mayores, e imagino que aún lo serían más hace veinte años, en la época en que Laura Freixas –la autora que cierra el miércoles, 25 de febrero, el curso del Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán- escribía los diarios que, bajo el título Una vida subterránea, publicó hace dos años la editorial Errata Naturae.

Lo que Laura Freixas nos presenta en Una vida subterránea es el retrato de una escritora en ciernes, el de la autora que, tras publicar en 1988 un primer volumen de relatos –El asesino en la muñeca-, se enfrenta con poco más de treinta años al reto de escribir una novela como modo, además, de afianzarse y encontrar su lugar en el ámbito de las letras, algo que, en su caso, como mujer, va acompañado de la preocupación constante sobre el modo de hacer compatible la escritura -su mayor deseo- con la maternidad, con el matrimonio, con el trabajo, con la independencia económica, en unos diarios frescos y sinceros que retratan también de paso las luces y las sombras de la vida literaria, de las relaciones entre los escritores, de los complejos entresijos editoriales en un tiempo en que nuestro país, superadas la transición y los años ochenta, se asomaba, tras la apoteosis impostada del 92, a la crisis de los noventa.

Leyendo este diario, escrito veinte años atrás, uno se pregunta qué queda en la escritora reconocida y con una amplia trayectoria a sus espaldas, de aquella joven dudosa, insegura, obsesionada por perfeccionar su primera novela, si la Laura Freixas de hoy aún se siente identificada con la que escribió, entonces, esas notas o si cree ser, ya, alguien del todo distinto. Son preguntas que, por suerte, podremos hacerle pronto directamente, preguntas cuyas respuestas, si nos acompañan en la despedida de este curso del Aula de Literatura, podrán escuchar ustedes por boca de la propia autora…

http://planvex.es/web/2015/02/rompiendo-el-cascaron/

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