De pronto se abre la ausencia
y llega
como nos llega el temblor.
Entre estas piedras en soledad
duermen las caricias
que proporciona el vacío,
la certeza y la lluvia de los años
que nos moja al alba
finísima,
entre nostalgias y recuerdos.
Sentado, solo y en el principio,
con las primeras horas de la mañana,
como quien espera la redención por unos ojos,
por todos los ojos de las estrellas
o por los ojos de un pájaro
o por los ojos que miran
la espuma próxima
a los ojos.

De pronto se abre la ausencia
y llega el silencio
como nos llega el temblor
ante la muerte.
En mi cuerpo una brizna de musgo,
tal vez,
en mi voz.

(De Cazador de lunas)

Anuncios