I

 

Esa sed de aventura y de patria soñada,

de corazón de Sur al viento del océano,

de cara o cruz al juego de la vida y la muerte

por una tierra digna que bien pudo ser tuya.

Ese bravo rumor de mar en el inicio,

que se torna tan necio como el alma de un loco

y que luego es violento

como el viejo señor de las tormentas

que Poseidón llamaron.

Y te hundes.

Y nadas en la nada mientras, entre los dedos,

tu esperanza de joven se la tragan las olas,

los iracundos bucles de un estrecho que nunca fue tan ancho.

Y te ahogas,

héroe del absoluto sin un poeta que te cante.

 

II

 

Nadie te cantará hasta que no seas símbolo,

una bandera que algunos alzarán

olvidando tu nombre y apellidos.

Pero no quiero símbolos ni tampoco banderas.

 

III

 

Yo te imagino libre, pájaro libre,

en las medinas de olor a hierbabuena,

en Fez y Marrakesh, en Casablanca y Tánger.

Cantos de gallos en alboradas rojas

y rumores de velo de mujer

acarician tu piel teñida de aceituna.

Ahmed y Mohamed, Alí y Abderramán,

desnudo como niños libres,

como los pájaros ansiosos de planear océanos:

así quisiera verte.

Y olvidar tu perfil de maniquí grisáceo

en urbes gaditanas.

Y romper tus candados

para que así regreses a tus campos de menta

y escapes de tu tumba en tierra española.

Con un vuelo de azabache de orgullos africanos.

(Tánger, 2001)

Javier REVERTE

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