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HE perdido
la capacidad para percibir lo viejo.

No sé
si me puedo poner
esta camisa
‒malva,
añil,
gris‒
color de la nieve que cae
y se ensucia
al rozar
la carbonilla del aire.

Hoy
ya
no sé
cuál es su color.

Tendría que llevar la ropa vieja
al contenedor amarillo.

Y vaciar el armario.
Tirar cosas.

 

Marta SANZ, Vintage

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