1540-1Ala de mariposa.

Vayamos por partes. Yo nunca me he creído inferior a nadie. Pero eso solo porque reconozco en todos virtudes iguales a las mías. Ese es el enigma de la autoestima, no tener un nivel al que agarrarse.

Han pasado dos décadas y estoy en el mismo sitio. Ningún espejo resiste tanto cambio de casa, de vida, de país próximo, de inercia. Un espejo es reflejar y luego reflexionar sobre eso. Si la fecha es incierta el espejo se impacienta.

Claro que había visto a Zelig. Sentí que comprendía todo, que todo, en la cabeza de aquel hombre, se volvía siempre de lo más normal y que, por tanto, era especial entre la gente común.

También yo era ósmosis de la más fina.

Incluso porque lograba ventajas duraderas. Si fui buen alumno fue apenas porque absorbí, igualé y luego mejoré al mejor de dos o tres compañeros (dos en primaria y tres en secundaria, compruébese).

Pronto caería, y digo bien caer, en la adolescencia, ese pantano en el que avanzamos siempre hundidos hasta las rodillas, siempre socorridos por nuevas preguntas filosóficas.

“¿Es el suelo el que se mueve o somos nosotros los que hacemos que se mueva?”, además inherentes a los impulsos unidos del cuerpo y el amor.

Eso también lo vivía de forma imitada, como si ya entendiese todo antes e igualar lo imitado fuese mi manera de decir “ya basta”.

La primera vez que me corrí, todo un orgasmo, no era nada nuevo, me traía calores revividos y gastados, no sabía si acostarme o quedarme levantado.

“Levántate”, tenía un año, “acuéstate y duérmete”, tenía dos años. Me habían propuesto levantarme y ahora era yo el que no quería acostarme. Pasó demasiado tiempo, sumergirse en la oscuridad, hay noches para todo.

Déjà-vu de un déjà-vu: ya lo sabía todo antes de saberlo, salto atrás en el tiempo y en el agua, ala de mariposa, otra vez al borde del precipicio frente al mar, otra vez el verano pasado.

Lo sabía desde muy pequeño. Pero incluso ese, era el pensamiento original, ¿o venía de dónde? ¿Y en qué momento había pasado a copiar lo que había descubierto yo mismo? ¿Y sólo después copiar lo que pensaban los otros?

Salto atrás en el tiempo. No hay heterónimo que se entregue a un simple copista.

 

[Fragmento de Ósmosis, incluido en el libro de relatos Vidadupla, de Sérgio Godinho.]

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