9788492847525Por raro o paradójico que pueda parecer, en los velatorios pueden llegar a tener lugar momentos realmente divertidos. Se trata de situaciones largas, duras, difíciles a menudo de asimilar, en las que se acaba haciendo necesario algo de esparcimiento, un descanso en el que poder sacudirse, siquiera por unos instantes, el peso insoportable del dolor. La cosa suele comenzar cuando alguien, de repente, después de un chaparrón de llanto, cuenta con ternura alguna anécdota del fallecido o evoca en un corrillo, con una media sonrisa, cualquiera de sus más tontas manías. A partir de ese momento los presentes, necesitados de una vía de escape, de un pequeño desvío, no tardan en pasar de la ternura al humor destacando recuerdos y batallitas cada vez más divertidos que enseguida acaban por llevar directamente al chiste y a las risas más o menos disimuladas, hasta que uno de ellos no puede contener la carcajada, que irrumpe descarada en medio de los murmullos apenados y alguien se ve obligado a recordar, severo, las circunstancias en que se encuentran y todos regresan a la tristeza, a la circunspección, al mirar al suelo, al no somos nadie. Son momentos entrañables, rotundamente humanos, en los que se hace uso -y abuso- de la palabra y, si se tercia, de la risa como instrumentos para aferrarnos a la vida, algo que hace también, a menudo, la buena Literatura.

Sé que no es justo comparar La vida es lo que llueve, el último libro de relatos de Pilar Galán -letra C de la colección Lunas de Oriente de la editorial de la luna libros, para más señas- con un velorio, porque eso lo haría parecer un libro fúnebre, cuando nada más lejos de la realidad, pero sí que tiene algo de la dulce tristeza de esos interludios de los que hablaba, sí que comparte con ellos el empeño en mirar, desde el dolor, hacia el lado más amable de la vida, y cuento todo esto porque La vida es lo que llueve es un libro marcado, desde la misma dedicatoria, por la pérdida, por la ausencia, que se hace evidente en relatos tan hermosos e intensos como “Donde habite el olvido”, “Piel de zapa”, “Cien palabras”, “Manga ranglan”, “Ordo rectus”, “Tu rumbo a torcer alcanza”, “Las lágrimas de las cosas”, “Nadar sabe mi llama el agua fría”, “Duelo” o “Sara Montiel no es mi padre”, relatos cargados de emoción en los que se puede adivinar el dolor pero en los que tampoco suelen faltar, agazapados, el humor y la fina ironía tan habituales en la autora. Entremezclados con esos relatos de tono más triste podemos encontrar otros intensamente vitales, como “La bicicleta estática”, que nos hablan con ternura del amor de largo recorrido, fantásticos como “Islas para naufragar”, ingeniosos y enormemente divertidos, como “Twitter Tous” o “Etiquetas”, textos, como “Selectividad, junio” o “Huraño enriquecido”, fruto de la larga y paciente labor docente de Pilar, u otros, por último -que son, quizá, los que más me han sorprendido-, en los que el humor se vuelve áspero, truculento, casi gore, dejándonos al terminar con la boca abierta y con la necesidad de leer el cuento de nuevo para comprobar si de verdad cuenta lo que nos parece que ha contado, y me refiero a piezas como “Palos de ciego”, “Hipólita”, “Infinitas nanas”, “Tardes de noviembre”, “Escabeche” o “Lección de anatomía forense”.

Para terminar, les confesaré que no acabo de entender del todo el título del libro, aunque tampoco creo que sea necesario, porque me gusta. Me parece hermoso, sugerente, un poco melancólico, intensamente lírico. Parece querernos decir que la vida es un constante fenómeno meteorológico, que tan pronto puede ser orvallo, como aguacero, como chubasco o como una cruel tormenta de granizo, y que es lo que toca, con lo que, si eso es así, si la vida llueve y moja y no quieren acabar calados de lluvia y de llanto a la intemperie, les aconsejo que busquen refugio en los magníficos, confortables relatos de Pilar Galán, y les invito, de paso, a que vengan con nosotros a escucharla el miércoles, día 19 de abril, a las 20:30 horas, en la Sala Verdugo, en la última sesión de este curso del Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán”. Seguro que no resultarán decepcionados.

Juan Ramón SANTOS

“Con V de libro” – PlanVE

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