Hay en el libro Mala letra, de Sara Mesa, un relato titulado “Picabueyes” –que probablemente no sea el mejor del libro (tampoco soy yo quién para determinarlo)– que no sabemos cómo empieza ni cómo acaba. Sabemos, obviamente, cómo empieza y cómo acaba el texto en sí, pues ahí están sus escasas cinco páginas, impresas en el libro, para leerlas una y otra vez si queremos, pero no sabemos qué ha sucedido antes ni qué va a suceder después, al terminar, tras el punto final. El relato, que comienza in media res, parece terminar también in media res, pero eso no es impedimento –yo diría que todo lo contrario, que esa amputación radical lo hace más potente– para que nos inquiete, para que nos angustie, para que nos golpee. El texto nos presenta, nada más arrancar, a una muchacha que llora, que regresa sin su bicicleta, que se enfrenta a la angustia de tener que explicar a sus tías –no sabemos qué tías, no sabemos por qué está con ellas, no sabemos quién es ni exactamente qué edad tiene– por qué vuelve sin ella, pues eso implica reconocer que les ha desobedecido, y teme despertar, al hacerlo, todo su ensañamiento de mujeres rencorosas. Sabemos que ha tenido que abandonar la bici, destrozada, pero no sabemos su pasado remoto ni, en buena medida, el inmediato. Sara Mesa mala letra Anagrama Con Ve de libro Juan Ramón SantosLlegamos a conocer la secuencia de hechos –que no voy a contar, claro– que provocan el abandono y la aflicción, pero intuimos que hay, incluso, más. Tampoco llegamos a conocer qué sucede, si se desata o no la furia implacable de las tías ni por qué ha de ser tan implacable. Pero es más que suficiente, porque el relato es capaz de transmitir la desoladora angustia del momento y es lo bastante poderoso como para hacernos intuir, aunque no lo sepamos del todo, cuanto falta. Algo parecido sucede en “Papá es de goma”, en el que unos niños parecen vivir solos y ocultar, por alguna oscura razón, la ausencia de sus padres, o en “Palabras-piedra”, que nos deja con las ganas de conocer una frase-piedra que explique todo el rencor que la madre parece volcar sobre su hija, que explique la obsesión que parece tener por que sus fatales vaticinios se cumplan en ella, y algo parecido podríamos decir del resto de los relatos, de la fijación de una de sus personajes por los mustélidos, la mala letra de otra o del alma inescrutable del chaval que protagoniza “Apenas unos milímetros”. Todos esos relatos nos inquietan, nos angustian, nos golpean, y si lo consiguen es gracias a una prosa rotunda, de apariencia sencilla, excelente, que embriaga y encanta, y a su sabia exactitud, a la atinada decisión de qué deben contar y cómo hacerlo. Los de Sara Mesa son relatos excelentes de una excelente escritora, y una excelente cuentista, que no se deberían perder, como no se deberían perder su visita al Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán” el martes 6 de marzo, a las ocho de la tarde, en la Sala Verdugo. Allí los esperamos.

 

Juan Ramón SANTOS en PlanVE

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