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Hoy, 22 de diciembre, España se hace muy dura de querer. El resto del año no me cuesta llevarme razonablemente bien con un país que tiene sus cosillas, pero aguanta muy bien la comparación con infinidad de otros países. Pasear por la calle del Carmen en las semanas previas y enfrentarte a la cola de Doña Manolita ya es una prueba durísima; pero, si aceleramos el paso y no miramos mucho, podemos llegar a la plaza de Callao aún convencidos de que España no está tan mal, a pesar de todo. El día 22, sin embargo, no hay escapatoria: por cátodos, hercios y bits, la España más supersticiosa, milagrera y contrarreformista ataca, bombardea y vence cualquier foco democrático de resistencia. Al final de la mañana, todos los españoles racionales y progresistas nos hemos rendido y sostenemos a duras penas un trapillo blanco, suplicando clemencia: no más quintos premios, no más millones de euros, no más descorches de cava, no más agujeros tapados. Por piedad.

(…)

Sergio del Molino

(Puedes leer la columna completa en la web del diario El País.)

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