AS, 17/12/2018 – Marco Ruiz

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– ¿Qué recuerdos tiene del barrio?

– Son los más importantes de la vida, los que construyen tu personalidad. Pero es un barrio que yo ya no reconozco. Yo apuré el momento final de la vida de barrio en España. De esos barrios que se formaron en España en los años 50 y 60 y que duraron hasta finales de los 90, cuando llegó la primera gran oleada migratoria y la burbuja inmobiliaria. Aquello acabó con la vida de barrio. Lo que yo retraté en mi penúltimo libro es un poco el final de ese mundo, porque soy de esa generación que aún pudo vivir ese mundo que era común en todas las periferias españolas. Fueron barrios todos construidos con una arquitectura muy parecida, muy pobretona, improvisada en definitiva, y caracterizada por los descampados…

– ¿Qué lugar ocupa el descampado en su imaginario?

– Eran los lugares en los que se cruzaba todo, que había que evitar pero por los que inevitablemente había que pasar. Eran una especie de bosques encantados donde pasaban las peores cosas pero a la vez pasaba la vida. Se jugaba a las chapas, se bebía cerveza y se fumaba, y a la vez por la noche podían pasar cosas espantosas. Era el símbolo, o la metáfora, del abandono que sentía gran parte de la sociedad… Eran las cicatrices urbanas que corroboraban que, efectivamente, no le importábamos a nadie y estábamos dejados de la mano de dios.

– ¿Y se jugaba al fútbol?

Por supuesto. No tanto yo, porque era muy torpe. Y tenía un problema enorme de miopía que me hizo ser muy mal coordinado. Aunque tenía muy buena voluntad, mi rol se limitó, muchas veces, a llevarme balonazos (risas).

– ¿Cómo era la vida de barrio de alguien a quien no se le daba bien jugar?

– El caso es que te veías obligado, porque era la única manera de socializar. Mi problema es que yo engañaba. Era grandote y parecía que podía tener trazas de ser alguien atlético. Pero nada más lejos de la realidad, era un zote. Lo que no he hecho es sufrir nunca por ello.

(…)

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– ¿Encuentra el paralelismo entre esa España despoblada que usted analiza en ‘La España vacía’ y la España que no tiene fútbol en Primera y Segunda.

– Absolutamente. El As lo contó impecablemente hace poco tiempo. Hay una España de Primera y otra de Segunda que se traslada al fútbol. No hay más que ver dónde estaba el Zaragoza hace unos años y dónde está ahora. Porque tiene que ver con muchas cosas, y entre ellas con el peso de Zaragoza en el conjunto del Estado y cómo se ha ido desplomando. En cómo la ciudad se ha ido desindustrializando, descolgándose y convirtiéndose también en una ciudad de segunda. Y qué casualidad que eso haya tenido un reflejo en el equipo, que era tan brillante hace 20 o 30 años.

– Claro…

– O la aparición de los clubes del cinturón sur de Madrid. Quién iba a hablar hace unos años de que el Leganés o el Getafe iban a estar donde están… El auge económico y comercial español, evidentemente, se va trasladando al mapa futbolístico. Las cosas crecen donde estaba el dinero.

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– ¿El éxodo rural ya ha terminado?

– Para nada, y es un fenómeno global.

– ¿No cabe una vuelta al origen, al campo?

– Con el sistema económico actual es imposible.

– ¿Ni a través del turismo?

– Hay lugares, ciudades muy turísticas, que incluso se han convertido en una especie de decorado. Y se convierten en caricaturas. Sitios en los que se escenifica una determinada época, casi siempre inventada, recreada para la ocasión. Y el turismo de masas lo que hace es destruir las ciudades.

– ¿Sí?

– Pero también las grandes ciudades. Vivir en el centro de Barcelona hoy puede ser el mismo horror que vivir en el centro de Roma. No encuentras una panadería, un bar de toda la vida, casi ningún colegio… Lo que necesita una comunidad para vivir desaparece porque todo se pone al servicio del turista. Y en ciudades más pequeñas, lo que ocurre es que todo se convierte en un escenario donde no cabe otro tipo de vida que ofrecer al turista comer lechón y beber vino de la tierra. Y hay que disfrazase un poco, incluso, para darle gusto. Eso puede ser lucrativo pero destruye la comunidad.

(…)

(Puedes leer la entrevista completa en el diario As.)

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