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¿De qué me sirve, pregunto,
la tinta, el papel y el verso?
Federico García Lorca

 

Tú,

libro abierto en las manos,

de pie,

en el pasillo de la biblioteca,

tan lejos de relojes y de inviernos,

reinas

en patrias de papel y tinta negra.

 

Yo,

a prudente distancia,

te persigo.

Voy cogiendo los libros que tú dejas

y rastreo tus huellas

por ciudades perdidas en la faz de los mapas

y te encuentro

en medio de contiendas,

con los vencidos,

entre los vencedores,

a campo abierto

y en torres de marfil

donde a veces te encierras y devoras

versos de amor. Amor,

así pasas las horas

robadas a mis sueños.

 

A veces, frente a ti,

separados por una estantería,

siento cómo respiras

y, a través de volúmenes sombríos,

juego a rozar tu mano

cuando busca voraz

entre todos los libros

el libro deseado.

Siento cómo tus dedos

húmedos de tus labios

desnudan hoja a hoja

otro cuerpo que arde entre tus brazos.

 

Mientras así te alejas,

yo,

negro borrón de celos,

verso de amor tachado,

triste botín de guerra,

ávida de tus ojos y tus manos,

en el silencio de la biblioteca,

te escribo otro poema.

 

 

Irene SÁNCHEZ CARRÓN, Ningún mensaje nuevo

 

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