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Mi memoria de niño

cegada por un cuento de Jack London.

 

El olor de los búfalos

ha sacado a los lobos de las sombras del bosque.

Un graznido de urraca resquebraja el silencio.

La nieve es más espesa en la llanura,

donde apenas resisten la intemperie del clima

los peces bajo el lago congelado

y las zarzas sin fruto.

Las patas de una búfala se hunden.

Tres lobos acorralan a su presa.

Los colmillos confirman

el rito milenario de la muerte.

La manada prospera.

 

Mi memoria de niño

—su conciencia de hombre—

cegada por un cuento de Jack London.

 

Aquí, en el blanco inmenso,

un reguero de sangre.

 

José Manuel DÍEZ

El país de los imbéciles