No cabe duda de que tus poemarios son fruto de la lectura del mundo, de la observación del ser humano;¿dónde colocas tú ese observatorio para conocer tan bien al otro?

Gracias por esas palabras. Lo primero, porque leer el mundo es nada menos que la gran tarea que nos es dada. Yo pienso que es vivir, tomar conciencia de este tiempo, tomar conciencia de la hora, de lo que pasó antes, de estar vivos, de este minuto, de este relámpago. Y mi deseo es ampliar la visión, los espacios de visión lo más que pudiera. Entonces leer a otros autores, inquirir dónde colocaron ellos su ángulo, cuál fue «un ángulo me basta» que escribe Juan Antonio González Iglesias, dónde fue que pude colocar mi ángulo Primero preguntándome, siendo consciente de que cualquier lugar está marcado de algún modo. No hay una mirada que no esté teñida de la persona que mira, no hay relación con lo real y lo irreal que no esté teñida de la persona, que no tenga que ver con lo que cada uno de nosotros deja ahí. Por eso en el primer poema de ‘Incendio mineral’ aparece la idea de que el lenguaje, de que los pronombres son vísceras y plasma en la transfusión que cede cada uno de nosotros, lo que cada uno de nosotros cedemos de nosotros para esa transfusión común. Hay sangre vísceras, piel, por eso nos interpelamos…

¿Se escribe para vivir más, para vivir distinto, para desvelar lo oculto de lo real?

Creo que para todo ello. Y para vivir, así, sin ningún adverbio; es decir, para tomar más conciencia o para afinar esa conciencia con respecto a la vida y con respecto a la muerte, con respecto al amor, al tiempo.

[De la entrevista a María Ángeles Pérez López a cargo de Tomás Néstor Martínez en Tamtampress.]