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Hace diecisiete años, en concreto el día 4 de noviembre de 1997, que el escritor jerezano José Manuel Caballero Bonald inauguró el Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán”. Asistió al acto la viuda del novelista placentino de la que toma el nombre, Cecilia Alarcón.

El de las Aulas es un interesante proyecto que puso en marcha en 1990 la Asociación de Escritores Extremeños de la mano del poeta Ángel Campos Pámpano. Ya existían las de Badajoz y Cáceres cuando Gonzalo Hidalgo y Álvaro Valverde decidieron crear la de Plasencia.

Para ponerla en marcha contamos desde el primer momento, y aun antes, con el apoyo incondicional de Caja de Ahorros de Extremadura. Un apoyo que va más allá del mero aporte económico (con ser esto no poca cosa) y que se personaliza en la figura de Santiago Antón Gallego, un discreto cómplice del Aula además de un animador infatigable.

El funcionamiento ha cambiado poco desde el principio: por la mañana el autor visita un instituto de educación secundaria en el que se dirige a alumnos de los cinco institutos de la ciudad (que previamente se inscriben de forma voluntaria a la actividad) y por la noche, hace lo propio en sesión abierta al público en general

Para nosotros, la parte didáctica del asunto es fundamental y ahí radica, a nuestro modo de ver el sello distintivo de este proyecto. Aulas literarias hay muchas a lo largo y ancho del país pero pocas con este componente añadido. Por eso la colaboración de los equipos directivos y de los claustros de profesores de los centros educativos ha sido y es imprescindible y, por descontado, muy de agradecer.

Hasta ahora han pasado por el Aula un total de 64 autores; poetas y novelistas consagrados que forman parte del panorama literario nacional. Siempre hemos buscado un equilibrio entre ambos géneros.

En el Aula de Literatura “José Antonio Gabriel y Galán” de Plasencia han leído sus textos o impartido conferencias José Manuel Caballero Bonald, Francisco Brines, Luis Mateo Díez, Gustavo Martín Garzo, Clara Janés, Antonio Colinas, José María Merino, Félix Grande, Antonio Martínez Sarrión, Jon Juaristi, Luis Landero, Luis Alberto de Cuenca, Dulce Chacón, José Viñals, Almudena Grandes, Rosa Regás, Manuel Talens, Benjamín Prado, Luis García Montero, Javier Cercas, Miguel Sánchez‑Ostiz, Ana María Matute, Santiago Castelo, Carlos Marzal, Vicente Gallego, Espido Freire, Bernardo Atxaga, Antonio Gamoneda, Pablo Guerrero, Ana Rossetti, Juan Carlos Mestre, Juan Manuel de Prada, Ada Salas, Agustín Fernández Mallo, Andrés Neuman, Antonio Orejudo, Basilio Sánchez, Belén Gopegui, César Antonio Molina, Elena Medel, Eloy Sánchez Rosillo, Eugenio Fuentes, Fernando Aramburu, Gonçalo M. Tavares, Ignacio Martínez de Pisón, Isaac Rosa, Javier Krahe, Javier Rodríguez Marcos, Jesús Sánchez-Adalid, Joan Margarit, José Luís Peixoto, José Luis García Martín, José Luis Piquero, Juan Bonilla, Lorenzo Silva, Luis Antonio de Villena, Luis Eduardo Aute, Miguel D’Ors, Pureza Canelo, Rafael Reig, Ricardo Menéndez Salmón, Tomás Segovia, Vicente Molina Foix, Yolanda Castaño

No podrá negarse que la nómina sorprende por su calidad. Una lista, por cierto, que reúne a diferentes autores de distintas tendencias lo que no deja de ser sino fiel reflejo de la variedad de registros que admite la literatura. Desde el principo, antes Álvaro Valverde y Gonzalo Hidalgo Bayal, y ahora Juan Ramón Santos y Nicanor Gil, nos ha guiado antes el interés de los alumnos y del público que el del propio gusto y de ello da fe esta completa pero variopinta relación. Sería injusto destacar tal o cual intervención en detrimento de otras. Todas tuvieron la calidad exigible y de todos los autores sacaron lecciones memorables los estudiantes, los profesores y el público en general. Unos y otros pudimos advertir que la prosa y la poesía están en la vida, fuera de las páginas de los libros donde parece que todos los autores están enterrados y muertos.

Dicho lo cual, no es fácil olvidar el aplauso (cerrada ovación, diría un taurino) que los chicos de los IES le dedicaron a una frágil y envejecida Ana María Matute cuando entró en la sala. Ni aquel interminable debate que siguió a la lectura de Juaristi, rescatado para el Aula después de un primer intento fallido, cuando tuvo que esconderse tras la ruptura de la tregua de ETA. Ni el respetuoso silencio que acompañó al canto improvisado de Clara Janés, ni la voz resonante de Gamoneda leyendo sus poemas trágicos. Difícil olvidar la lectura y las canciones de Luis Eduardo Aute, la voz cavernosa de Javier Krahe, la vitalidad con la que leyó Tomás Segovia sus poemas…

Excepto por un paréntesis que duró varios años, el Aula se desarrolla en la Sala Verdugo, hoy dedicada a los fundadores Álvaro y Gonzalo.

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